AMADOR MENÉNDEZ VELÁZQUEZ
Químico, investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)
Oviedo, M. P.
Amador Menéndez Velázquez (Oviedo, 1969) sabe de lo que habla cuando pronostica que la nanotecnología puede revolucionar el futuro. De eso habla y así se titula el estudio que le valió el Premio Europeo de Divulgación Científica en 2009, «Una revolución en miniatura. Nanotecnología y disciplinas convergentes». Doctor en Química e investigador del Centro de Investigación de Nanomateriales y Nanotecnología (CINN), se ha incorporado al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), uno de los más prestigiosos del mundo.
-Investigadores muy competentes sin mucho contacto con el mercado. ¿Vale el diagnóstico?
-Es cierto que existe una cierta desconexión entre la ciencia teórica y las empresas, pero eso está cambiando. En España, la Universidad y el CSIC son entes teóricos que deben hacer un esfuerzo por acercarse y hablar al empresario no de átomos o moléculas, sino del producto final. Los centros tecnológicos como el CINN tratan de ejercer como intermediarios y cuando el nuestro fue valorado como el segundo mejor de España, se destacó precisamente su orientación hacia el producto final.
-¿Cuánto nota la diferencia en Massachussetts?
-En Estados Unidos, todo va mucho más rápido por una cuestión de infraestructura, pero también por el riesgo que asumen al apostar por proyectos que pueden parecer de ciencia ficción. Aquí somos más conservadores.
-Ésta es una disciplina joven con potencial de crecimiento.
-Hay quien dice que la nanotecnología es la próxima revolución industrial. Tiene un gran camino por recorrer.
-¿Hacia dónde?
-El gran potencial está en la oportunidad de hacer materiales a la carta. Los nanotubos de carbono, por ejemplo, que constituyen un material fuerte, ligero y resistente, cien veces más fuerte y diez veces más ligero que el acero, se usan en la construcción en Japón y tienen múltiples aplicaciones, por ejemplo para fabricar coches más resistentes sin que suba su peso. La nanotecnología tiene un grandísimo potencial para solucionar los grandes problemas de la humanidad en el ámbito individual, la salud, y en el colectivo, en la búsqueda de un desarrollo sostenible. En la industria médica y farmacéutica está una de sus grandes aplicaciones, en la medicina regenerativa a través de la construcción de órganos, por ejemplo, pero también en la búsqueda de fuentes de energía limpias, en el intento de captar toda la energía del sol de forma eficiente y con materiales más baratos. Porque una hora de sol sería suficiente para satisfacer toda la demanda energética de la humanidad durante un año.
-¿Qué hay que hacer para no perder ese tren?
-Hay que saber que esto no es Estados Unidos, que jugamos en otra liga, pero también que la ciencia es cada vez más global, cada vez más una obra colectiva, y que lo mejor que podemos hacer es unir esfuerzos, colaborar más que tratar de competir. La nanotecnología, además, permite una investigación descentralizada, sin demasiados medios. Son más importantes las ideas que los materiales.