Oviedo, Marcos PALICIO
«Construir» órganos, hacer prótesis resistentes, fabricar piel y retinas artificiales, diagnosticar enfermedades en estadios precoces, conseguir viviendas que produzcan su propia energía... De la raqueta de Rafael Nadal a la fibra óptica y las grandes redes de comunicación, el presente y el futuro saben mucho de nanotecnología. Es la «arquitectura de lo infinitamente pequeño», una carrera a la búsqueda de materiales «a la carta», pensados para fines específicos, que mueve átomos y moléculas como el albañil los ladrillos y despliega unas posibilidades de desarrollo que le han hecho un enorme hueco entre los nueve «Sectores con futuro para Asturias» identificados por la asociación Compromiso Asturias XXI.
La «fábrica de ideas» para el porvenir de la región que pretende apadrinar el colectivo retrata a la nanotecnología en Asturias como una disciplina con más teoría que práctica y más camino por delante que trayecto recorrido. El documento de trabajo que la plataforma ha presentado esta semana observa grupos de investigación de alta cualificación junto a una preocupante brecha con el mercado a causa de cierta «falta de motivación de las empresas asturianas» por recoger los frutos de todas esas buenas ideas que salen de los laboratorios. Para justificar por qué hay tanto futuro aquí, el análisis se remite a las conclusiones del «Mapa de la nanotecnología en Asturias», editado en 2008 por la Fundación Instituto de Materiales (ITMA). Aquí se constata que los ocho grupos asturianos de investigación ofrecen una apreciable «calidad científica, avalada por la publicación de trabajos en revistas con alto índice de impacto», y un notable «potencial de aplicación en diversos sectores industriales», pero también «una falta de colaboración clara entre estos grupos y las empresas».
El mismo estudio cuantifica el desinterés cuando resalta que únicamente 34 compañías asturianas se han asomado a comprobar qué puede ofrecerles la nanotecnología y que sólo dos se dedican al desarrollo de estas técnicas -DropSens y Bioker Research, «spin-offs» surgidos de la Universidad y dedicados al desarrollo de técnicas de nanodiagnóstico y medicina regenerativa, respectivamente-. Otras cinco empresas utilizan esta tecnología y las 27 restantes simplemente han mostrado interés en aplicarla. El progreso es así de tímido, continúa el documento, a pesar de las múltiples aplicaciones prácticas que se asocian a esta disciplina y de que «Asturias cuenta con un importante tejido industrial como principal destinatario de todos estos avances». El abanico de los sectores que podrían aprovecharse del desarrollo teórico se despliega hasta el extremo y cita «la industria en general, la medicina, producción y almacenamiento de energía, gestión medioambiental, transporte, electrónica, educación y ocio...». Dada además la distancia que se observa entre los científicos y el mercado, el grupo de expertos de Compromiso Asturias XXI extiende la llamada a algunos posibles intermediarios: «Las empresas de consultoría e ingeniería», afirma, «podrían actuar muy eficazmente en la difusión del conocimiento y en la transferencia tecnológica a las empresas».
El documento menciona un ejemplo próximo, la «Estrategia nanobasque 2015», puesta en marcha en el País Vasco y orientada hacia la promoción de la nanotecnología en el ámbito empresarial, y define el que precisa el desarrollo de esta disciplina en Asturias. «No basta», señala, «con disponer de un mero catálogo de aplicaciones más o menos innovadoras; será necesario disponer de los especialistas, los conocimientos y los equipamientos adecuados». Es en este punto donde emerge la exigencia de incentivar la investigación y acompañarla con estrategias de formación, sensibilización de las empresas o promoción de compañías desarrolladoras de técnicas nanotecnológicas.