Oviedo, M. P.
La puesta en práctica de las ideas que pueden dirigir el futuro tropieza en ocasiones contra impedimentos insólitos y a veces difíciles de imaginar. Así sucede, por ejemplo, con la oportunidad del «trabajo remoto», una de las propuestas que contiene la «tormenta de ideas» de Compromiso Asturias XXI para el sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Trabajar desde casa sirviéndose de las herramientas que proporcionan las nuevas tecnologías no es fácil, pero «las verdaderas barreras son más psicológicas que tecnológicas». La teoría la defiende Severino Rodero, ingeniero de Telecomunicaciones, con el argumento de que «en los países latinos a los jefes les gusta ver a los empleados, tenerlos cerca para comprobar que trabajan. Eso no pasa en el norte de Europa, hay más confianza y por eso estas iniciativas se han desarrollado con mayor amplitud».
La cultura levanta obstáculos delante de una posibilidad técnicamente simple, para la que, según el análisis de Compromiso Asturias XXI, «el usuario no necesita más que un PC con recursos mínimos, ya que se conecta a su puesto de trabajo virtual por red local o internet. Este procedimiento proporciona ventajas debido al menor coste y consumo de energía, mayor seguridad contra virus o pérdidas de datos...». Cuando la tecnología allana el camino, otras barreras son lingüísticas. Así sucede, concreta Rodero, con las pretensiones de globalidad de determinadas «factorías de software». «Si queremos una tienda electrónica para todo el mundo, tenemos que utilizar el inglés y aquí la formación es buena, pero a veces todavía no nos capacita para competir en un mundo globalizado».