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Oviedo,
María José IGLESIAS
Entre la escasa veintena de españoles que residen en Yemen despunta un asturiano. Se trata del mierense Marcos Vega, embajador de España, desde noviembre de 2006, en el país más empobrecido de Oriente Medio y experto en las convulsiones que vuelven a sacudir uno de los polvorines más peligrosos del planeta.
La nueva crisis de histeria terrorista ha encontrado al embajador fuera de Saná, capital de Yemen. Desde hace dos semanas, Vega permanece en España por un problema de salud, no grave pero sí lo suficientemente importante como para tomarse unos días de asueto. El diplomático asturiano no está físicamente, pero permanece atento a todo lo que ocurre en el país, de modo especial en la delegación española, a la que espera regresar en cuanto se recupere. Fuentes de Asuntos Exteriores explicaron ayer a LA NUEVA ESPAÑA que la representación permanece abierta, aunque con acceso restringido, por motivos de seguridad.
El cierre de una Embajada es una medida extrema, que se toma en casos excepcionales. El hecho de que Francia, Inglaterra y Estados Unidos hayan decidido echar el cerrojo, no pesa en el ánimo del ministro español, Miguel Ángel Moratinos, que, desde su experiencia en asuntos de Oriente Medio, trata de manejar la situación con tranquilidad y cautela. En Exteriores apuntan otra razón para mantener abiertas las puertas de la sede diplomática, ubicada en el barrio donde la mayor parte de los países tienen sus representaciones. España ocupa la Presidencia rotatoria semestral del Consejo de la Unión Europea. De algún modo tiene que dar «ejemplo». Eso sí, nadie niega que la situación es tensa y que puede empeorar.
Los diplomáticos que conocen la zona matizan que lo que está ocurriendo no es nuevo ni sorprendente. La escalada de tensión en Yemen lleva años, décadas. Los Hermanos Musulmanes se crearon en los años veinte del pasado siglo. Desde hace más de un año el Gobierno yemení lucha para combatir la insurgencia y Estados Unidos lleva a cabo operaciones de inteligencia, que, al menos en Irak o en Afganistán, han sido el prólogo de otra clase de medidas.
En la legación española se encuentran el encargado de Negocios, otro diplomático y media docena de empleados. La Embajada en Yemen se inauguró en abril de 2006, con la presencia de Moratinos. Un año después, en julio de 2007, ocho españoles que viajaban por el país murieron en un atentado atribuido a Al Qaeda. Siete fallecieron en el acto. El suicida embistió con un coche bomba un convoy de todoterreno, cerca del templo de la reina de Saba, a 170 kilómetros al este de Saná. El embajador Vega se enfrentó entonces a uno de los momentos más duros de su trayectoria. No dudo en tomar un helicóptero hasta el lugar del atentado y pasar la noche en el hospital acompañando a los heridos. Desde entonces, Yemen está catalogado como «país de alto riesgo» por Exteriores. La posibilidad de que se comentan atentados terroristas es alta. Al Qaeda, cada vez más acorralada en Afganistán y en Pakistán, tiene en Yemen un «santuario». Aunque el Gobierno desvinculó el ataque del hecho de que los fallecidos fuesen españoles, las recomendaciones para no viajar no han dejado de sucederse desde entonces.
Yemen, donde pobreza y radicalismo van de la mano, es algo mayor que España y alberga 21 millones de habitantes. Cuando Moratinos visitó Saná se interesó por la situación del español de origen sirio Nabil Manaki, condenado a muerte desde 1998 por terrorismo. España mantiene relaciones diplomáticas con Yemen desde 1990, cuando se unificó el país. Obama y sus asesores de seguridad analizarán hoy la situación. La tercera guerra contra el terrorismo de Al Qaeda puede estar en marcha.
Oviedo, M. J. IGLESIAS
La Embajada de Yemen está bastante alejada de lo que en el argot diplomático español se conoce como «circuito Revlon», donde figuran las grandes capitales europeas. En el inestable corazón de la Península Arábiga, los cócteles se celebran con chaleco antibalas.
A Marcos Vega Gómez (Mieres, 1961), licenciado en Filología Germánica por Salamanca, no le asustó la misión que le encargó Moratinos en noviembre de 2006. Con 45 años y merecida fama de discreto y trabajador, alcanzaba su primera Embajada, tras haber pasado en Bagdad los años más difíciles de la posguerra y llevar unos meses en Saná como encargado de Negocios. Si en Irak resistió hasta el último momento, nadie duda de que ahora hará lo mismo.
Antes de Irak fue número dos de la Embajada española en Libia, cónsul en Jerusalén y secretario de la Embajada en Marruecos. También consejero cultural de la Embajada en Rusia y observador de la Unión Europea en Zagreb. Vega estudió en los colegios Liceo de Mieres y Pilar, de Pola de Lena.
Está casado con una ciudadana marroquí y mantiene una estrecha vinculación con Mieres, donde viven sus padres.