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«Soy un ateo convencido»

«Lo que puede hacer una persona es pasarlo lo mejor posible, y sin hacer daño; ayuda oír música o investigar»

 
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León Garzón, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA.
León Garzón, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA.  

LUISMA MURIAS Gijón, J. MORÁN

León Garzón Ruipérez, de 85 años y catedrático emérito de la Universidad de Oviedo, finaliza el recorrido por sus «Memorias» con el repaso de vicisitudes como su actividad política en el Ayuntamiento ovetense o el recuento de sus convicciones vitales.

l Pluriempleo académico. «A la vez que era catedrático del Instituto Alfonso II di el paso a la Universidad de Oviedo. Yo había tenido un expediente universitario muy bueno, pero no lo utilicé adecuadamente porque creía que estaba marcado. Vi que muchos de mis compañeros que tenían peor expediente se colocaban en la Junta de Energía Nuclear, que era mi sueño, pero yo no me atrevía ni a solicitarlo por ser de una familia no adepta al régimen. Pero obtuve una plaza en la Escuela de Minas, cuando se estaba creando, a finales de los años cincuenta. Arsuaga era el director de la Escuela de Minas de Madrid, que fue la hermana mayor de la Escuela de Oviedo, y me dio un puesto de profesor de Física. Entonces lo que se estilaba era el pluriempleo, porque te pagaban cuatro perras por cada empleo y tenías que sumar varios. Yo ya había sido adjunto por oposición en Salamanca, y en cuanto hubo aquí una vacante hice las oposiciones y entré de adjunto en la Facultad de Ciencias».

l La bomba en Monte La Reina. «Y así hasta 1970, cuando obtuve la plaza de catedrático de Energía Nuclear en Minas. Me dediqué de lleno y con entusiasmo a estudiar cuestiones de energía nuclear. Tiempo atrás, en los años en los que había hecho la milicia universitaria, fui a los campamentos de verano de Monte la Reina, al lado del Duero, en un encinar lleno de polvo y con mucho calor. Debió de ser en el segundo verano cuando yo les expliqué a mis compañeros la teoría de la bomba atómica. Había comprado en Salamanca, en la librería Cervantes, algunos libros de Gamov en los que ya explicaba los fundamentos de la bomba atómica. Y estando en Monte la Reina, en julio de 1945, es cuando se hizo la primera prueba de la bomba atómica, en Álamogordo, USA. Mi maestro en Salamanca, Nogareda, había bebido directamente las cuestiones nucleares porque había estado en Cambridge haciendo la tesis sobre reacciones químicas y conoció a investigadores como Rutherford, por ejemplo. Nogareda nos contaba de primera mano todo aquello y eso contribuyó a que yo tuviera una formación un poco superior».

l Hacia una idea del Universo. «En Asturias me encontré con Gustavo Bueno, que llegó a Oviedo el mismo año y que venía de Salamanca. Su mujer también es de Salamanca, y su familia era vecina de la mía. Más o menos, Bueno y yo teníamos conocimiento mutuo y a él le gustaba preguntar a la gente sobre sus disciplinas. Hablábamos de aspectos más bien filosóficos de la Física, sobre todo, y por ahí nos hicimos amigos. Yo lamento que haya desaparecido esa amistad y creo que él ha cambiado de pensamiento. Bueno me preguntaba por cosas de Física y me ofrecía lecturas. Al final, efectivamente, adquirí un poco de cultura filosófica y empecé a ver claro cuestiones que nadie me había explicado antes. Después profundicé en cuestiones de Astrofísica y todo junto contribuyó a que yo tuviera una imagen mucho más clara del mundo y del Universo. Hoy soy un ateo convencido; no me importa decirlo, aunque tampoco me gusta pregonarlo. Y puedo discutir sin acaloramientos con cualquiera que esté dispuesto a ser coherente con sus ideas. Me ocurrió una vez con Barluenga, que somos muy amigos, y como todos los aragoneses es muy cuadriculado. En una ocasión habló en la Universidad (debió de ser en una apertura de curso) de la vida y estas cosas. Él es catedrático de Química Orgánica y su nivel se puede homologar con cualquier gran investigador de cualquier país. Debe tener más de 300 trabajos de investigación. En aquella conferencia habló de la materia y también del alma. "Oiga, ¿y el alma qué estructura tiene", le pregunté después».

l Retirado por la izquierda. «Cuando la izquierda comenzó a gobernar en España, tras la transición, y llegó el momento de revitalizar el sistema, tampoco lo hizo como merecía, y quizá contribuyó a empeorarlo más. Por ejemplo, cuando decidieron jubilar cinco años antes a los catedráticos, pensando que todos ellos eran de derechas. Pues no señor: había quienes no eran de derechas y aquello fue más bien un arreglo entre amigos para crear puestos destinados a ellos mismos. Y había muchos catedráticos que ni muchísimo menos éramos partidarios del régimen anterior, y sin embargo, pues para todos café con leche, y nos retiraron robándonos cinco años de nuestros derechos».

l Luces para el Sagrado Corazón. «Mi etapa política fue muy interesante, pero poco participativa. Antonio Masip había cumplido dos mandatos en el Ayuntamiento de Oviedo y fue a por el tercero. Se enteró de que existía Garzón y me llamó. Yo era un concejal más en la oposición y no tenía ningún cargo, ni me interesaba tampoco. Tuve pocas actuaciones, pero voy a contar una. Resulta que en el Naranco, lo mismo que en Río de Janeiro y en muchos lugares de España, hay un Sagrado Corazón de Jesús. Se trataba de habilitar unos fondos para iluminarlo en la comisión en la que yo estaba. Yo tenía las ideas claras y dije: "Miren ustedes, ¿no saben que en el año 1936 los milicianos de la República fusilaron a un Sagrado Corazón, el más emblemático de toda España, que estaba en el Cerro de los Ángeles? Pues ese fusilamiento no fue una extravagancia, sino que hay que interpretarlo como la respuesta a una situación que había venido operando desde hacía mucho tiempo: el dominio de la Iglesia católica en España". Y añadí: "Si ustedes quieren que volvamos a las andadas pongan ahí la luz y entonces vendrán después otros a fusilarlo. Es mejor no hacerlo, aparte de que es dar prioridad al símbolo de una religión de las muchas que hay". Como ellos tenían mayoría, se votó y se iluminó el Cristo del Naranco».

l Gabino, de alumno a alcalde. «Era el primer mandato de Gabino de Lorenzo, que intentó cambiarme el pensamiento, pero se lo rechacé. Gabino fue alumno mío también, en Minas, y nos llevábamos bastante bien, pero, claro, una vez que él alcanzó la Alcaldía... En el momento en que das poder a una persona, el ascenso hace que mire a los demás de otro modo. Pensó que a mí me podía aplicar la norma que él suele aplicar a la gente. Es muy listo y sabe, como dicen los franceses, dónde le aprieta el zapato a cada uno, y sabe comprar. Hemos visto tanto que ya no se rasga uno las vestiduras».

l En busca de experiencias. «La etapa en el Ayuntamiento la considero como una experiencia más, y siempre me ha gustado tener experiencias. Cuando explotó el polvorín de Peñaranda, que fue uno de los hitos de mi vida, vi perfectamente con mis ojos la bola de fuego. Fue el 9 de julio de 1939, a las once y media de la mañana. Explotó el polvorín de la estación de Peñaranda, con 300.000 kilos o más de trilita y explosivos, que destruyeron prácticamente todo el pueblo. Y allí estaba yo, bastante cerca del punto cero, y aquello fue una especie de absorción, primero, y después una serie de truenos y la caída de piedras y de material incendiado en los campos que atravesábamos despavoridos. Yo dije: "Mañana salimos en el periódico", y tanto es así que lo reflejó hasta la prensa extranjera. Quería tener experiencias vitales y cuando de chaval estudiaba en Salamanca yo lo que quería es que bombardearan de una vez, porque mucha sirena, pero nunca llegaban los aviones. Hasta que un día por la tarde sonó la sirena y miré hacia arriba: vi tres o cuatro aviones plateados, hermosos. Era un día de enero, con sol. Nos metimos en los sótanos del Instituto y cayó una bomba. Hay una churrería en Salamanca, cerca de la plaza Mayor, que se llama La Bomba. Fui a casa muerto de miedo, porque llegaron las bombas, y algunos muertos, y unos agujeros tremendos».

l ¿Tiene esto sentido? «La ciencia es una herramienta como otra cualquiera. Una herramienta que utiliza la sociedad y ni la sociedad ha madurado ni tampoco esta herramienta. La ciencia tiene que ser coherente y estar libre de misticismo, de magias, de cábalas. Es un proceso humano influido por el ambiente y la filosofía dominante en el momento. Considero que lo que llamamos seres vivos son lo mismo que lo que llamamos inertes, producto de la evolución del Universo. Lo primario son las fuerzas. Si tú conoces la naturaleza de la fuerza, lo tienes todo. La fuerza, y la materia: todo eso empieza a actuar de manera económica y llega a dar todo lo que vemos, lo inorgánico y lo orgánico. Nosotros hemos llegado hasta aquí, hasta un cerebro que es el mayor de todos. La naturaleza ha evolucionado y ha elegido los mecanismos más sencillos para llegar al producto más elaborado, que es el ser vivo. El cerebro humano sería la apoteosis, la cumbre, el final. El final... bueno, posiblemente. ¿Para qué estamos aquí? Para formar parte de la sociedad correspondiente y el asunto es que no podemos dejar de ser lo que somos: animales, pero unos animales que hemos llamado racionales, porque saben distinguir cuestiones que otros animales no entienden. Y lo principal quizás es la comunicación, el lenguaje... y la música, que es interesantísima, ya que es lo más tardío como producto del hombre. ¿Y nuestro destino? ¿Tiene esto sentido? Lo que puede hacer una persona aquí es pasarlo lo mejor posible, y sin hacer daño. Y hay artefactos que pueden ayudar, por ejemplo, oír música, o investigar. La actividad intelectual es un elemento para hacernos más fácil la travesía de este desierto. Tenemos que saber de dónde venimos, qué es los que vamos a hacer y a dónde vamos. A mis 85 años sigo trabajando intelectualmente y publicando».

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