ANA PAZ PAREDES
Cuando alguien decide hacer el Camino de Santiago por primera vez le surgen muchas dudas: qué debe llevar en la mochila, cuánto debe pesar, qué hacer en caso de ampollas, cuál es el botiquín básico, qué hacer en caso de agotamiento, qué documentos llevar y un sinfín de preguntas a la espera de respuestas. Los expertos peregrinos, que pueden discrepar en muchas cosas, sí tienen una opinión común: hay que ir ligero de equipaje. Con lo básico. En esta página dejaremos algunos consejos recopilados de diversas guías y también citados por algunos peregrinos consultados. No está todo lo que sería necesario, pero sí, al menos, esperamos que sean adecuadas algunas de las cosas más básicas que se citan.
l Entrenamiento previo
Quien no esté acostumbrado a andar debe empezar realizando paseos cortos que se alargarán, de forma progresiva, los fines de semana, si es posible, al monte, con subidas y bajadas. Las últimas salidas hay que hacerlas con la mochila cargada para hacerse al peso y con el calzado con que se va a realizar el Camino.
l La mejor época del año
Está claro que eso depende de cada uno, porque cada mes o estación tiene su encanto. Por lo general, se dice que lo mejor es hacer el camino en los meses de primavera o de otoño, pues en los meses de verano, además de las altas temperaturas, es cuando hacen el camino un 70% del número total de los peregrinos censados.
l Antes de partir
Si se sale antes del amanecer, hay que recordar que por la mañana no se verá y no se encuentra a nadie que pueda informar. Hay que hacer unos estiramientos antes de empezar a caminar. Debemos saber antes de salir cómo es toda la etapa (si hay bares, albergues; distancias, fuentes...). Para mayor seguridad el teléfono móvil no está demás. Para quien no quiera llevarlo, es conveniente que su familia o allegados conozcan dónde se irá cada día, por si deben localizarle.
l La mochila, esa desconocida
Que sea cómoda, anatómica y con sujeción en las caderas, no a la cintura. Con bolsillos laterales. Los elementos más pesados hay que colocarlos más cerca de la espalda, y el saco, en el fondo. Es conveniente llevar juntos los utensilios que guardan relación entre sí, en bolsas de plástico y de colores, para poder distinguirlos. En los bolsillos laterales se ponen los artículos de más uso y poco volumen, y en el superior o de cierre, la guía, la credencial, documentación, etcétera. El límite de peso establecido de una mochila es del 10% del peso total del peregrino. De forma generalizada se dice que debe pesar entre 6 y 7 kilos en el caso de mujeres, y entre 7 y 8 kilos en el de hombres.
l El calzado
Entre abril y septiembre están bien las zapatillas de deporte o bien de montaña. Eso sí, deben tener un piso relativamente grueso y ser tal vez medio número mayor que el habitual. Mejor también si son de horma ancha. Si se opta por botas, es suficiente de media montaña o tipo «trekking». Lo que jamás se debe hacer es estrenar el calzado en el propio camino. En cuanto a las uñas de los pies, hay que llevarlas cortadas en su justa medida. Manuel Otero Menéndez, residente en Tineo, que ya peregrinó 17 veces a Santiago, aconseja en su magnífica guía del camino primitivo, llevar «dos pares de calcetines. Debajo unos finos con las costuras (si las tiene) hacia fuera, o sea, al revés, y encima unos de lana o fibras modernas, para tener los pies secos. Después de meterte estos calcetines la bota debe sobrar 3 o 4 milímetros. En cuanto notes el más mínimo roce, párate inmediatamente y resuelve el mal».
l Las temidas ampollas
Las guías consultadas señalan lo siguiente: en cuanto se detecte una ampolla hay que parar y hacer una primera cura para evitar que se haga más grande y molesta. Aunque los médicos no lo aconsejan, hay quien opta por pinchar la ampolla con una aguja de coser esterilizada y atravesarla con un hilo, dejándolo dentro para que drene. Cuando se acabe el día, sacar el hilo, desinfectar y poner una tirita, tras haber lavado y secado los pies minuciosamente. Volver a realizar una nueva cura al inicio de una nueva jornada. Carlos Mencos, periodista y peregrino que ha realizado una magnífica guía titulada «Guía práctica del Camino de Santiago: camino del Norte, primitivo y Salvador», que ya va por su tercera edición, da un sabio y racional consejo si las ampollas no curan, surgen más a lo largo del camino, o bien el dolor físico llega a ser un auténtico sufrimiento que impide disfrutar del camino: hay que dejarlo, porque lo primero es la salud, y esperar a otra mejor ocasión para continuarlo.
l Lo imprescindible
Manuel Otero recomienda lo siguiente: DNI, cartilla de la Seguridad Social, libros de apoyo (mapas, guías, etcétera), libreta, bolígrafo, linterna, sombrero o similar, bolsas de plástico, un bastón o palo, chubasquero, cámara de fotos, gafas de sol, calzado de repuesto (zapatillas), chanclas para la ducha, jersey o polar, pantalones cortos, pantalón largo o chándal, bañador, ropa interior, 3 o 4 pares de calcetines, camisetas, cantimplora, saco de dormir, aguja e hilo, papel higiénico, bolsa de aseo con sus enseres, cortaúñas, pequeño botiquín, jabón de lavar, toalla, vieira.
l Sobre la alimentación
Para emergencia se señala como imprescindible llevar frutos secos, pasas, higos, nueces, chocolate y también incluso un poco de pan, chorizo y queso. Para el desayuno hay que tener en cuenta que es casi seguro que en la localidad en que esté el albergue haya algún bar para cenar, sin embargo a veces pasa que el mismo, a la hora que al día siguiente se inicia la marcha, está cerrado. En cuanto a la bebida, hay que beber agua siempre que se necesite. Nunca está de sobra llevar un termo con agua e ir rellenándolo a lo largo del camino. En diversos bares ya se ofrece el llamado «menú del peregrino».
l En caso de fatiga...
Descansar cuando no se está excesivamente cansando para tener una buena recuperación. También viene bien tomar una bebida energética y darse unos masajes en las piernas. No hay que olvidar que es muy importante para evitar el cansancio muscular el beber mucho líquido y limitar siempre el peso de la mochila. En caso de agotamiento por el calor, Manuel Otero recomienda «preparar un litro de agua, añadirle media cucharadita de bicarbonato y una de sal. Agitarlo y beber en tragos cortos. Si se tienen calambres, poner dos cucharitas de sal». Importante: no llevar nunca al límite las propias fuerzas.
Julio Antonio Fernández Lamuño, cronista oficial de Tineo, publicó un interesantísimo artículo en la revista del mes de julio de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Astur-Galaico del Interior, «Un alto en el camino», sobre «fitoterapia en la ruta jacobea».
Dice, entre otras cosas, que la obra «Materia médica», escrita por Dioscórides hace más de 1.900 años, donde cita hasta 600 especies vegetales, «sirvió de base a toda la ciencia médica de los siglos pasados, siendo aplicadas en hospitales y albergues jacobeos en que se atendía a los peregrinos y viandantes».
Las rozaduras en los pies y las averías cutáneas de todo tipo se trataban con emplastos de yerbas vulnerarias. Así, señala que en Tineo siempre fueron abundantes las conocidas como «hierba de las heridas» («Consuelda menor») y la milfollas («Milenrama»), utilizadas como remedio para curar heridas y ulceraciones. La primera se utilizó también en época antigua para curar el garrotillo y las anginas, además de lo dicho. La segunda es conocida también por sus propiedades «para sanar y mejorar las heridas, tónica, estimulante y febrígura. En uso interno activa las secreciones gástricas y de la bilis, favorece la circulación sanguínea y es útil como antihemorroidal».
Señala el autor del artículo también que cierto día un anciano de Obona le habló de algunos remedios caseros todavía en uso entre la gente del campo. «Así, me explicó el empleo que se hacía del llantén para atajar hemorragias, de la cirigüeña para quitarse las verrugas; la genciana de los prados, para combatir el reuma; el sabugo, para suprimir los retorcijones de barriga, y las semillas de amapola, para el dolor de muelas».