Oviedo, M. P.
En Tineo se fabricarán «pellets» con residuos de madera para la producción de energía; en Mieres, Rioglass hace espejos parabólicos para paneles solares, y en Avilés el Grupo Daniel Alonso, fustes para torres eólicas; pero la parcela menos explotada de la energía renovable se esconde en las aguas del Cantábrico. De los parques eólicos marinos al aprovechamiento del potencial energético de la fuerza de las olas y las mareas, el porvenir energético está en el mar y ya balbucea sus primeras palabras en Asturias. En el caso de la energía del viento, el clúster de Energía, Medio Ambiente y Cambio Climático de la Universidad tiene en proyecto «Seasturlab», una iniciativa dotada con una financiación de un millón de euros con el propósito de analizar y validar los dispositivos aptos para generar esta energía que, por definición, deben ser más altos, resistentes y potentes que todos esos que están instalados en tierra y que ya forman parte del paisaje asturiano.
Este laboratorio extiende sus redes hacia la energía oceánica, donde Asturias no tiene aún ninguna instalación para sacar electricidad del mar, pero sí mucho potencial geográfico y una de las cinco iniciativas de estudio puestas en marcha en España. Ese proyecto, que estudia la instalación de una planta para el aprovechamiento de la fuerza del mar, cuenta con una previsión de inversión de catorce millones de euros y se asocia a otras actuaciones encaminadas en la misma dirección.
Es el caso, por ejemplo, de la que ha desarrollado la empresa sierense Electra Norte, del grupo de Electra de Carbayín, que con un complejo sistema de cálculo y mediciones a través de boyas ha elaborado el primer mapa en el que se detalla el potencial energético de las olas en toda la costa asturiana. El proyecto ha cruzado los resultados captados por las boyas con datos atmosféricos y otras variables, como los efectos de los temporales, la profundidad o la distancia de la costa, para tratar de ajustar los kilovatios hora que pueden producir las olas del Cantábrico.