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Bulnes está al lado de Oviedo

Castañedo del Monte vive aislado bajo la nieve pese a su proximidad a la capital l «El pan ya está más duro que el hormigón», afirman los vecinos, que sobreviven gracias a la matanza

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Castañedo del Monte (Santo Adriano), V. DÍAZ PEÑAS.
Oviedo, Trubia, San Andrés y una desviación a la derecha: Castañedo del Monte. La carretera se vuelve una placa de hielo de cuatro kilómetros y el coche apenas avanza. LA NUEVA ESPAÑA se acercó ayer al concejo de Santo Adriano para aventurarse a llegar a este pueblo aislado, situado a casi 600 metros de altitud, pero a poco más de veinte minutos de la calle Uría de Oviedo. Las máquinas quitanieves no existen en este núcleo de una docena de vecinos que siempre miran desde las alturas a la capital asturiana. Castañedo es como era Bulnes: está aislado y, cuando nieva, sólo se puede llega a pie. No tiene funicular y la carretera llegó solo hace veinte años.

Los vecinos de este pueblo sufren cada invierno las consecuencias de la nieve, pero este temporal los pilló por sorpresa. Y las placas de hielo los mantienen aislados del resto del mundo. Allí viven estos días los de siempre -casi todos jubilados- y también familias con segunda residencia en Castañedo que se han quedado atrapadas. ¿Hasta cuándo? «Esto tiene muy mala pinta», dice Mario García Fernández con la vista puesta en las nubes. Los más valientes se atreven a bajar con todoterrenos hasta San Andrés, pero un vecino se salió de la vía anteayer y el susto amedrentó a los demás. La carretera que lleva a Oviedo en pocos minutos es ahora una trampa resbaladiza.

Como no hay quitanieves, Juan Manuel Vázquez se encarga de limpiar la vía con su tractor verde, el que utiliza para trabajar la tierra. Y no cobra. «Otros años venía una máquina de Proaza, que limpiaba hasta Linares, pero en esta ocasión no ha venido nadie: estamos aislados», sentencia Ovidio García. Beatriz Peláez García y Salvia García añaden desde su casa: «Es vergonzoso que no limpien. Estamos a pocos pasos de Oviedo e incomunicados». Ambas mujeres confiesan además: «Cuando anunciaron el temporal, nos pusimos en lo peor pero no pensamos que iba a ser tan gordo».

Los vecinos de Castañedo sobreviven estos días como pueden. «Lo estamos pasando solo regular», subraya Mario García, con botas de agua, gorra y ropa de abrigo para soportar temperaturas gélidas que no pasan a valores positivos. Para los hombres de esta localidad que pertenece a Santo Adriano, concejo que apenas supera los 250 vecinos, la mayor preocupación ante el temporal es el ganado. «Tenemos que subir al monte a dar de comer a los animales. Si esto dura muchos días más, seguro que se pierde alguno», recalca Ovidio García.

Los vecinos tienen los arcones llenos gracias a la matanza anual, pero ya escasean otros productos que adquieren en Trubia u Oviedo. «Y quien se quede sin comestible se queda sin nada», puntualiza Mario García. Y dice: «El pan lo traen de Proaza para varios días. Está más duro que el hormigón». En Castañedo del Monte también hay un bar que hace las veces de centro social. En él se reúnen los vecinos y se preguntan cuándo podrán bajar al fondo del valle. La preocupación aumenta según pasan las horas. «Por las mañanas no tenemos agua porque se congelan las cañerías», recalcan los vecinos. Si no fuera por las complicaciones, Castañedo del Monte sería un pueblo de postal. «Hace más de veinte años que no veíamos carámbanos tan grandes», manifiesta Ovidio García, que señala una estalactita de hielo formada en el hórreo donde se acumulan los bandos municipales.

¿Y contra el frío? «Ropa de abrigo junto a una cocina de leña y carbón», dice Mario García. Y posa su vista en dos jóvenes que llegan a Castañedo del Monte desde la montaña. Llevan esquíes de travesía. Son Daniel Ablanedo y Eva González, de Pruvia y Caces. La pareja viene de la Campa de Linares y aseguran que allí la nieve supera el metro de grosor. En Castañedo cualquier información de «más allá» es bien recibida. Reciben a los foráneos con los brazos abiertos. «Esto está muy guapo para pasar unas horas, pero para vivir aquí? es difícil», asegura Ovidio García. Su amigo concluye: «El asunto está feo y muy frío, igual que en Oviedo; pero de aquí no podemos salir». Solo les queda esperar junto a un buen fuego.

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