Oviedo, Pablo GONZÁLEZ
Cada vez que uno de los treinta operadores con los que cuenta el teléfono de emergencias del 112 en su sede de La Morgal descuelga el teléfono puede pasar de todo: desde un accidente de coche, un incendio en una cocina o una vaca atrapada en una zanja. Un dato: sólo en los cuatro peores días del temporal que azotó el país en las últimas jornadas el 112 de Asturias recibió unas 15.000 llamadas. Entre ellas, pocas de las calificadas como «no deseadas», pero las hay, y a lo largo de todo un año no son pocas. Hasta el pasado mes de diciembre este tipo de llamadas, que incluyen bromas pesadas, desvaríos, falsas amenazas de bomba o simplemente las de esas personas que sólo buscan escuchar la voz al otro lado de la línea, sumaban más de 465.000 a lo largo de 2009, casi la mitad del total que recibe el 112, que sólo en un año puede atender más de un millón.
Desde la creación del servicio los responsables del 112 han recogido varios casos que resumen cómo pueden ser este tipo de situaciones. Uno de los más llamativos se produjo en los meses finales del pasado año. En octubre los operadores del teléfono de emergencias comenzaron a recibir llamadas entre las nueve y las once de la noche desde un móvil. Nunca en las 1.720 ocasiones en las que atendieron la llamada hubo respuesta al otro lado. El individuo llegó a llamar y colgar hasta 105 veces el mismo día. Sólo dejaba pasar unos diez segundos entre llamada y llamada. Tras dos meses repitiéndose la misma historia, un buen día las llamadas cesaron. «Son tipologías que responden a una conducta obsesivo-compulsiva. Surgen impulsos que la persona no puede controlar», asegura el psiquiatra Manuel Bousoño.
Este tipo de llamadas, calificadas como improcedentes, llegan a sumar más de 130 al día. Hacen perder el tiempo a los operadores, que pueden estar atendiendo cada una desde 8 segundos a 8 minutos, y generan desconfianza hacia el número que las hace. Y, además, añaden tensión al servicio, ya que en la mayor parte de las ocasiones se producen entre las siete y la diez de la noche, intervalo en el que hay mayor volumen de trabajo; pero quien llama casi nunca logra que se ponga en marcha ningún operativo de urgencia.
«Quienes atienden el teléfono suelen detectarlas, aunque se les cuelan algunas, porque hay tipos de llamadas que no se puede saber a ciencia cierta si son reales o no», señala Bousoño. Este tipo, reconoce el psiquiatra, puede esconder patologías más graves «como la esquizofrenia». Así, en el 112 aún se recuerda una llamada que tuvo lugar en septiembre de 2006 en la que se alertaba sobre un incendio en un edificio de Lugones. «Hay una señora con un brazo quemado y un bebé en brazos», relata quien llama, que lo hace haciéndose pasar por policía, mientras habla por radio con un supuesto compañero utilizando las claves y la jerga típica de los cuerpos de seguridad. Así que, se da aviso a los servicios médicos, los Bomberos y a la Policía Local. Mientras, en varias ocasiones, la sala del 112 llama al individuo pidiendo más datos. Este responde. Los servicios de emergencia (varias ambulancias y camiones de Bomberos, desplazados incluso desde Avilés) no encuentran ni fuego ni humo. Todo fue un engaño. Algo similar sucedió con un falso incendio en Sevares (Piloña) en una vivienda, o con el fuego de un coche en la A-66.
«Es la soledad sonora que quiere hacerse oír», analiza el sociólogo Servando Cano refiriéndose a muchas otras llamadas que sólo encuentran respuesta al otro lado del hilo telefónico. «El principal impulso humano no es buscar la felicidad, sino comunicarse, y como la palabra, su principal vehículo, ha sido pervertida por factores como la política, la comunicación está viciada», señala. Y sentencia: «La gente busca el anonimato para comunicarse como en esos programas de radio nocturnos en los que hablan de sus problemas Si cuentas tus problemas te expones a una sanción social basada en la lástima y en la piedad. Nadie quiere despertar éstos sentimientos en los demás».
En el caso de otra de estas falsas llamadas, más que con el anonimato el interlocutor jugó a convertirse en otro persona. Y es que se identificó como supervisor del 112 de Castilla-La Mancha. Mientras hablaba simulaba dar instrucciones a otra persona sobre a quién movilizar para atender una supuesta emergencia en la zona, mientras se escuchaban ruidos de comunicaciones como fondo de la conversación. Se entiende que no está solo. Su petición se centraba en conocer un listado de llamadas que dijo eran para la Policía Judicial. El engaño se detectó a tiempo.
Más de un millón
En la última memoria del 112 se recoge que en sólo un año (2008) se atendieron más de 1.023.000 llamadas, lo que supone una media mensual de 85.300 y un promedio diario de 2.800.
«No deseadas»
Hasta diciembre del año pasado la cifra de este tipo de llamadas fue de 465.765. Se clasifican en varios grupos: «improcedentes» (44.235 llamadas, 131 al día); «huecas», aquellas que se producen en el sistema por el impulso de redes (158.625); llamadas sin respuesta (262.875, 782 al día). Además hubo 17 amenazas falsas de bomba.
Las cifras a finales 2009
Con los datos completos de casi todo el año pasado las llamadas «no deseadas» representaron el 52,85 por ciento del total, es decir, 465.735. Hasta el 2 de diciembre del año pasado las llamadas recibidas en el 112 sumaban 881.087.