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Ola de frío
Los protagonistas del último temporal 

Los ángeles gélidos de las carreteras

Oscar y Francisco Feito quitan la nieve de las calzadas de Somiedo, donde la mitad de los pueblos está a más de 1.000 metros

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Pola de Somiedo,
V. DÍAZ PEÑAS
La nieve es sinónimo de problemas para los que la sufren en numerosas zonas rurales de Asturias. Así sucede en Somiedo. Cuando nieva lo hace en todo el municipio. Sus medios son más bien escasos para dar servicio a toda su población, dispersa en 38 núcleos. Y sin embargo, están acostumbrados a que la nieve les acompañe hasta bien entrada la primavera. Para sobrellevar esta cruda y blanca estación, el Ayuntamiento pone en marcha un servicio de limpieza viaria que trabaja sin descanso. LA NUEVA ESPAÑA acompañó a uno de estos retenes para conocer de cerca su labor, una tarea marcada por el frío y la nieve. Son los ángeles de la carretera.

El concejo de Somiedo es uno de los más montañosos de Asturias. La mitad de los pueblos se encuentra por encima de los mil metros. Sufren como pocos los envites de los temporales. A parte de los medios que aporta el Principado para limpiar las carreteras del puerto San Lorenzo y el valle de Saliencia, el Consistorio cuenta con sus propios instrumentos: un camión con cuña, una pala, un dumper, una decena de trabajadores y varios retenes que reparten sal en todoterreno. Con estos medios, la mayoría de los pueblos están comunicados durante todo el invierno. Pero cuando la nieve aprieta, no dan abasto.

«Hacemos la misma ruta. Primero abrimos unos valles y después otros. Normalmente la gente ya sabe cuándo llega la máquina y planifican si tienen que salir. Pero con los temporales, la cosa cambia. Hay veces que en un turno solamente podemos limpiar dos pueblos. La capa es tan intensa que el camión no avanza. Y cuando la máquina no puede, no queda otra que dar marcha atrás», sentencia Francisco Feito mientras conduce el vehículo con una mano y maneja las cuñas con la otra. Él junto a Oscar Feito conocen como pocos este trabajo. Llevan más de siete años limpiando la zona. Conocen al dedillo cada tramo.

Son expertos, y quizá por ello reconocen los peligros. «Lo peor son las carreteras estrechas y con muchas curvas. Para dar la vuelta en los pueblos tenemos que hacer muchas maniobras. El desnivel también juega malas pasadas. El otro día, el camión se quedó en una placa de hielo. Nos bajamos a poner las cadenas y se fue por su propio peso. La verdad es que a veces da miedo», comenta Oscar Feito mirando al precipicio. De repente, la máquina no avanza. Hay que poner las cadenas. Esta vez no hace demasiado frío y las manos no se agarrotan. Repiten esta operación más de seis veces al día.

Durante el invierno, el camión se convierte en la casa de estos dos somedanos. «Salvo para dormir, nos pasamos aquí todo el día», sentencia el conductor. Con temporal, se les acumula el trabajo y apenas descansan. Sus ojos les delatan. Cuando arrecia el mal tiempo, se limitan a limpiar los accesos a los pueblos. Cuando la nieve remite, aprovechan para quitar el manto de la calle principal de cada pueblo. Y cuando hay buen tiempo, acumulan los restos de nieve para cuando venga el siguiente temporal.

Los hombres de las quitanieves tiran de pala cada dos por tres. Y también ayudan a los vecinos. A veces, suben medicamentos a algún habitante. Conversan con ellos y así hacen más llevadera la soledad. Pero la charla dura poco. Hay mucho trabajo por delante. Oscar y Francisco suben a la máquina para seguir peleando con la nieve y el hielo. De regreso a la Pola, se enteran de que el temporal sigue haciendo de las suyas en El Puerto. Un alud corta la carretera. Pero eso ya no es trabajo suyo. Eso es cosa del Principado y ellos todavía tienen que abrir los accesos a más pueblos.

A veces, las jornadas terminan y sólo han podido dar acceso por carretera a la mitad de los pueblos. El Ayuntamiento se ve desbordado. El alcalde, Belarmino Fernández Fervienza, explica que «es un gasto inmenso. Ni el Principado y ni el Estado ponen fondos, y eso para un Ayuntamiento pequeño es muy difícil. La financiación local debería contemplar el territorio». Oscar y Francisco Feito sufren las carencias en sus propias carnes. La máquina que pilotan tiene casi veinte años. A pesar de todo, seguirán recorriendo las carreteras del concejo porque los vecinos de Somiedo también tienen derecho a estar comunicados. Aunque nieve y haya crisis.

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