JOAQUÍN ARCE FERNÁNDEZ
DIRECTOR GENERAL DE POLÍTICA FORESTAL
El señor Rodríguez-Vigil se ha vuelto ecologista. Me alegro de que se sume a la causa: si somos más, es que vamos bien.
A partir de ahora no le va a resultar fácil. El oficio de ecologista es necesario y enriquecedor, pero también ingrato y sacrificado. Hay personas y empresas agraviadas que te vigilan y te intentan desacreditar. Puedes ser multado o ir a la cárcel, incluso en países como Dinamarca. Y en ocasiones te dirán que eres un falso ecologista.
Para ese viaje le recomiendo que trabaje en equipo, en una de las eficaces asociaciones ecologistas, o en Los Verdes de Asturias. También, si me lo permite, le sugiero que evite criticar a sus compañeros de fatigas, colabore con ellos y se harán más fuertes. Y cuando escriba algo, piénselo dos veces, sin prisas, háblelo con otros y defienda el medio ambiente sin atacar a las personas. Pensar, esperar y ayunar, como decía Siddharta.
Entrando ya en temas de actualidad, el asunto que ha irritado tanto al señor Vigil estos días son unos desprendimientos de rocas y tierra al arroyo Carondio supuestamente procedentes de una pista forestal de 793 metros construida en 2008, antes de que Los Verdes entráramos en el Gobierno, para dar acceso hacia Grandas de Salime a la aldea de Beveraso (Allande) habitada por una familia ganadera con hijas en edad escolar.
Los ecologistas siempre decimos que las obras públicas pueden generar empleo y bienestar social y en este caso es evidente. Pero también causan graves daños colaterales medioambientales, aunque hayan superado la evaluación ambiental. Esta obra y todas. Y por eso las administraciones que contratamos excavadoras, hormigón y asfalto somos tan peligrosas para la naturaleza.
En este caso, según ha publicado LA NUEVA ESPAÑA, la Confederación Hidrográfica ha valorado los daños ambientales de los vertidos o desprendimientos en unos 11.000 euros, haya o no responsabilidades de las empresas constructoras de la pista, algo que está todavía por determinar. Y si lo dice la Confederación, que es un organismo que en los últimos años ha demostrado sobradamente su rigor y su capacidad para la defensa de las zonas fluviales asturianas, así será.
En relación a este asunto, el señor Vigil me acusa de no tomar medidas como director general de Política Forestal para reparar los daños desde que me comunicó lo que había visto en septiembre de 2009. Las administraciones debemos trabajar conforme a la ley y a nuestras competencias. Que una obra haya podido causar en algún momento impacto ambiental no quiere decir que haya habido irregularidades o que se deban hacer nuevas actuaciones, que también tienen su impacto, para arreglarlo. O buscar chivos expiatorios. En este caso procede esperar a que resuelva la Confederación si ha habido infracción de las empresas o no, y si se debe tomar alguna medida de reparación. Y actuar en consecuencia y colaborar de forma activa para que todo eso se cumpla. Otras veces, lo que corresponde es simplemente aprender de los errores para no volver a caer en ellos y tratar de dar un giro a las políticas y los proyectos.
Y eso es lo que estamos haciendo Los Verdes en la Dirección General de Política Forestal desde que llegamos hace trece meses: trabajar por el empleo y la calidad de vida de las personas del medio rural aplicando otras políticas forestales y de infraestructuras rurales que pretendemos sean innovadoras, ejemplares y mucho más respetuosas con la naturaleza y el medio ambiente que las de épocas anteriores.
Contamos con su ayuda, señor Rodríguez-Vigil.