Oviedo, J. E. M.
Cuando los problemas humanos se enrocan a veces no queda más remedio, aunque pese, que buscar una solución en una fría sala judicial. Eso es lo que ha hecho María Albertina Fernández, una abuela ovetense que lleva cuatro años peleando para que su yerno le permita ver a sus dos nietos. María, «como me conoce todo el mundo», disfrutaba de una vida feliz hasta que todo se vino abajo, como un castillo de naipes en mitad del mistral, con la muerte de su única hija. «Ahí comenzó todo, tras fallecer mi hija de muerte repentina, mi yerno y yo tuvimos unas desavenencias por motivos económicos y comenzó a poner trabas para dejarme visitar a los nietos», un niño y una niña que por aquélla tenían 9 y 11 años, respectivamente.
«Antes venían a mi casa, yo iba a buscarlos al colegio... pero de repente todo cambió, incluso se marchó de Oviedo para ir a vivir al occidente de Asturias y dejó de cogerme el teléfono. Sufrí muchísimo porque para mí los nietos eran mi vida. Imagínese, son los dos niñinos de mi única hija, que acababa de morir». Pero María no se arredró. Poco le importó que el pueblo al que se fue su yerno estuviera en las montañas, casi en el límite con Galicia. «Empecé a ir por allí. Tenía que salir de Oviedo un día, coger un Alsa y luego un coche, y dormir en un hotel para poder verlos al día siguiente un poco. Me dejaban unas horas con ellos, pero sólo si estaba delante alguien de su familia. Luego tenía que volver a dormir en un hotel y regresar en autobús al día siguiente porque no me coincidían los horarios. Así estuve mucho tiempo y, lejos de mejorar, las cosas fueron empeorando. Iba a veces y no podía verlos o sabía que venían a Oviedo y tampoco podía verlos», detalla, visiblemente emocionada, María Albertina Fernández.
La situación acabó desembocando en el Juzgado. Fue en Castropol. Tras un proceso que enfrió aún más si cabe las relaciones de la mujer y su yerno. Al final, la sentencia determinó que María tenía derecho a que sus nietos pasaran con ella un fin de semana al mes, «bueno, desde las diez de la mañana del sábado hasta las cinco de la tarde del domingo». Su yerno no quedó conforme con el fallo y recurrió a la Audiencia Provincial, que modificó el régimen de visitas. «Mantuvo un fin de semana al mes, pero determinó que los niños no durmieran en mi casa. Ellos mismos dijeron que preferían dormir con su padre», explica María Albertina Fernández, que sospecha que los pequeños actuaron mediatizados por su progenitor. «Lo imagino porque ellos siempre estuvieron bien conmigo y por todo lo que tuve que escuchar... Dijo que yo estaba loca, que quería matar a los niños. ¿Cómo se puede decir eso? Son lo que más quiero en el mundo. Es cierto, estoy a tratamiento por depresión, pero... con todo lo que he pasado ¿cómo no lo voy a estar?», relata María.
Pese al paso por los Juzgados, «mi yerno siguió sin dejarme ver a los niños». La mujer se desplazaba al occidente de Asturias y «no me permitían verlos». «Por supuesto, jamás me los trajeron un fin de semana», subraya. En vista de que su yerno seguía sin respetar las visitas ordenadas por el juez, María Albertina Fernández tomó la determinación de volver al Juzgado para denunciar el incumplimiento de sentencia. «No quería, pero era la única salida que me dejaba... Pese a que había preparado bien el juicio y tenía fotos de él en Oviedo pese a que afirmaba que nunca venía a la ciudad, y papeles de los profesores del anterior colegio de los niños que sabían que yo me preocupaba de ellos, que los llevaba a clase, a los entrenamientos, testimonios de la ONG con la que colaboro... decidí buscar un acuerdo». Hubo acuerdo, pero su yerno aún tardó varios meses en traer a los niños con su abuela. «Desde agosto no los vi hasta noviembre y en diciembre también los trajo». María espera que en enero vuelvan. Mientras tanto, busca a personas con su mismo problema para crear una asociación. Es coraje de abuela.