Oviedo, L. Á. VEGA
Los delitos de ciberacoso están creciendo exponencialmente conforme más usuarios acceden a la red. Aparte de los delitos económicos, como las estafas a través de internet, el llamado «phishing», hay que tener presente además el ciberacoso, que tiene en las redes sociales una puerta abierta al segmento de la población más débil, el de los niños y los adolescentes. El «grooming», o acoso para obtener imágenes pornográficas, una de las técnicas que utilizan ahora los pederastas para acceder a material de menores, no deja de aumentar.
En Asturias, tres hermanos fueron detenidos recientemente por extorsionar a menores de edad para que se dejasen hacer fotos subidas de tono. Los hermanos accedían a chats de adolescentes y entablaban conversación con las menores haciéndose pasar por otros chicos de su edad. Luego comenzaban a tejer una tela de araña en torno a sus víctimas, a las que extraían información delicada para luego amenazarlas con revelarla si las menores no consentían en proporcionarles las imágenes que realmente buscaban y que luego compartían con otros pederastas.
Éste es, sin embargo, un caso extremo, del que se han dado pocos en Asturias, según señalan fuentes policiales. El delito más habitual es el suplantación de perfiles en Tuenti, una de las redes sociales con más éxito. El grupo de delitos económicos y tecnológicos de la Jefatura Superior de Policía de Oviedo recibió el año pasado hasta diez denuncias relacionadas con este tipo de suplantación.
El caso más llamativo es el de una niña de 10 años cuya cuenta de correo un compañero de colegio logró desviar a su propia dirección con el fin de comunicarse con otros compañeros. Los menores de edad dominan la red a veces mejor que sus propios padres.
Otro caso llamativo fue el de una adolescente de 16 años, a la que unos conocidos crearon un perfil en Tuenti sin su conocimiento, en el que se incluían datos personales de todo tipo, con el consiguiente daño tanto para la imagen de la menor como para su propio desarrollo personal. Una fuente de la Jefatura Superior de Policía de Oviedo señala que quienes realizan este tipo de actos suelen planteárselo como simples bromas divertidas, sin ser conscientes de que están cometiendo un delito que ahora, además, se persigue con todas las de la ley.
Por ejemplo, se han presentado denuncias por colgar en la red fotomontajes, en los que se suele pegar una cara a un cuerpo en acciones poco edificantes, para luego distribuirlo entre compañeros de clase, con la consiguiente mofa y befa del perjudicado. En las últimas semanas, el fotomontaje más conocido fue el instalado por un «hacker» en la página de la Presidencia española de la UE en el que figuraba el popular personaje «Mr. Bean», que interpreta Rowan Atkinson. Estas acciones también están penadas, puesto que son un claro ataque a la imagen de las personas.
El caso es que, en el grupo de delitos económicos y tecnológicos están preocupados por el crecimiento de este tipo de delitos. En España hay siete millones de usuarios de redes sociales, por lo que las posibilidades delictivas son inmensas. Por eso, los inspectores del grupo se dedican a realizar charlas en centros educativos y otros foros para concienciar de la magnitud del problema y también de los riesgos de incurrir en una infracción penal.
Otro aspecto que preocupa a los agentes es el crecimiento del acoso telefónico. El año pasado hubo una veintena de denuncias por parte de personas que estaban recibiendo llamadas telefónicas requiriéndolas para mantener relaciones sexuales. En los chats, tanto en la red como en televisión, suelen colgarse teléfonos de ex novias, ex novios o conocidos, personas a las que se quiere causar un trastorno, ofertándolos como servicios de prostitución.
Una fuente de la Policía indica que se trata de simples venganzas o bromas pesadas que causan un fuerte impacto, puesto que muchas de las llamadas se producen a medianoche, con la consiguiente molestia y humillación para la víctima. Los teléfonos de las personas a las que se pretende acosar también se distribuyen a través de correos electrónicos e incluso en anuncios de periódicos. Esta práctica está muy perseguida y puede llevar aparejada una pena de prisión y una fuerte multa e indemnización.
Sin embargo, estas prácticas no son, ni de lejos, tan graves como el «grooming». En Asturias se han dado varios casos, como el de una menor que era acosada por un madrileño de unos sesenta años, de alta posición social, empeñado en mantener relaciones sexuales con la adolescente. Más grave, si cabe, fue el caso de un avilesino de 38 años, que en los chats usaba el «nick» de «Amojorge», que proponía contactos sexuales a niñas de 13 y 14 años a través del «Messenger», por medio de mensajes de alto contenido sexual sadomasoquista. Cuando fue detenido por este delito de corrupción de menores, al avilesino se le encontraron 58 discos compactos y cuatro disquetes con material de pornografía infantil.
Todas estas situaciones, que pueden alcanzar un alto grado de gravedad, pueden evitarse con una activa labor pedagógica y una implicación de los padres en el control de los contenidos a los que acceden sus hijos a través de la red. Los expertos aconsejan a los padres acercarse a sus hijos en esta materia adoptando la actitud del neófito, con el fin de conocer el alcance de los conocimientos de sus hijos. Otros expertos han desaconsejado los ordenadores en las habitaciones privadas de los menores, y sí en las estancias de la casa de uso más habitual, con el fin de disuadir del acceso a determinados contenidos. Existen, por otro lado, programas de control parental sobre los contenidos a los que acceden sus hijos en la red; una herramienta insustituible, dados los tiempos que corren. El asunto del control no deja de ser complicado y muchos padres carecen de los rudimentos necesarios para ejercer la necesaria vigilancia. Quizás el diálogo y la información franca por parte de los padres sean el mejor antídoto contra los lobos que acechan en la red.