Taramundi, Tania CASCUDO
Aunque lleva más de treinta años en Asturias, su tono meloso y cantarín le delata. Emigrante cubano y empresario de éxito, Horacio García se siente español, aunque dice: «Cuba nunca se olvida». Por eso no se cansa de hablar de sus recuerdos en la tierra del habano.
El 13 de enero de 1931 nació en el pueblo taramundés de Nío, en el seno de una familia numerosa dedicada a la agricultura. Con tan sólo 18 años, y al ser el mayor de la prole, le tocó emigrar en busca de trabajo y una vida mejor. Su familia cubana le ayudó y le ofreció un empleo en el negocio que regentaban en La Habana.
En la ferretería de su tío trabajó durante cinco años como empleado y después creó una sociedad que gestionó el negocio. Tras el triunfo de la Revolución cubana, en el año 1959, le llamaron del Ministerio de Industria para ofrecerle un puesto como jefe del departamento de compra de la compañía Química Básica, un holding nacional con más de cuarenta empresas.
Cabe decir que antes de su entrada en Química Básica y aún trabajando en la ferretería fue revolucionario. «No públicamente, sino contribuyendo con dinero. Después, desde que triunfó, formé parte de las milicias revolucionarias. Trabajabas tus ocho horas en tu empleo y luego estabas a disposición de las milicias, formándote o haciendo guardias. Acababas agotado». Después se crearon los Comités de Defensa de la Revolución, con el establecimiento de guardias vecinales en todas las calles: «Había semanas que igual me tocaban tres o cuatro guardias, y jamás falté al trabajo ni una hora siquiera», explica.
En Química Básica trabajó durante años y tuvo hasta la oportunidad de conocer al Che Guevara cuando era ministro de Industria. A García se le eriza el pelo cuando habla del guerrillero porque «era una persona de una moral impresionante, nunca mandaba nada que no hubiera hecho primero, iba por delante». Los sábados, las empresas hacían consejos de administración y el Che acudía cada semana a uno. «En los años en que trabajé en Química se presentó en dos ocasiones», recuerda. Destaca el taramundés que el guerrillero hacía auténticos milagros para hablar, a consecuencia de sus problemas de asma. «Hablaba suavemente, pero convencía a la gente», indica.
No sólo conoció al Che, sino al propio Fidel Castro, quien solía visitar empresas sin previo aviso. «Estaba un día en una empresa de fertilizantes y vemos entrar a cuatro o cinco coches oficiales y de uno se apea Fidel Castro». Cuenta García que el dictador necesitaba entonces que la empresa le suministrara fertilizantes para su plan de producir diez millones de toneladas de azúcar. «El químico le dijo que sería complejo, porque parte de la materia prima venía de "zona dólar", y entonces Fidel le propuso un cambio en la fórmula utilizando materias que se podían adquirir en zona socialista». Explica García que Fidel «solía trabajar a fondo cada asunto antes de abordarlo y eso lo enseñó a todos».
Llegó un momento en que Horacio y su familia se dieron cuenta de que la situación económica de Cuba no iba a mejorar y de que necesitaban buscar una salida. Fue entonces cuando decidieron regresar a España. El traslado les costó esfuerzo, ya que en los años setenta para pedir la salida había primero que renunciar al trabajo. Como la autorización solía retrasarse, las familias se podían quedar desde uno a cinco años sin empleo. En el caso de Horacio esta situación se prolongó durante un año, en el que se ganó la vida fabricando y vendiendo clandestinamente sandalias de mujer.
Finalmente pudo regresar a Taramundi e ingeniárselas sin dinero, requisito para salir de la isla. Se le presentó la oportunidad de adquirir una pequeña panadería y no dudó en comprarla porque «era un negocio que daba dinero con la venta de pan y permitía pagar la harina a noventa días». Con ayuda de familiares compró el negocio y se convirtió en repartidor de pan por el día y en ayudante del panadero por las noches. De ese pequeño negocio nació una empresa de prestigio que bajo el nombre de Pantaramundi distribuye pan entre Lugo y Torrelavega (Cantabria). Pese a que está jubilado desde hace años, sigue trabajando como el primer día porque en casa, dice, se aburre.
En un vistazo.
Personal.
A los 18 años emigró y se casó en la isla, donde tuvo dos hijos. En los setenta regresó a su Taramundi natal y ahora reside a medio camino entre Oviedo y la villa taramundesa.
Profesional.
Empezó a trabajar en una ferretería familiar en Cuba y después pasó a ser jefe de compra del holding Química Básica. Trabajó en esta firma nacional hasta que se marchó de Cuba. Llegó a España sin dinero y adquirió por 200.000 pesetas una minúscula panadería, semilla de Pantaramundi.