Oviedo, C. A. S.
Del talante del quinielista y de su compañera, Conchita Ramoy, da fe el gesto que ésta tuvo con sus compañeras en la empresa ovetense de limpieza en que trabajaba, Valoriza-Sufi.
El lunes siguiente al quinielazo fue al trabajo a despedirse, precisándole al jefe que «el importe de mi liquidación quiero que sea repartido entre las demás chicas». Conchita, que trabajaba por entonces limpiando los edificios de las facultades universitarias del Cristo, fue objeto de una celebrada fiesta en su adiós. Las felicitaciones se sucedieron para ella y para Manolo por un premio que todavía se mantiene como el mayor otorgado por la quiniela en Asturias, superando en un millón de euros al que un gijonés había ganado en noviembre de 2003.
Los premiados siguieron viviendo en la misma zona y frecuentando a unos amigos, que también les han acompañado ahora en un trance tan difícil como es un cáncer de pulmón.