YOLETTE AZOR-CHARLES
Embajadora de Haití en España
Madrid, José María SADIA
La tragedia de Haití también se promociona, a su pesar, en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) que durante esta semana se celebra en Madrid. En el viaje concentrado por el planeta que ofrece un recorrido por el recinto ferial madrileño salta, de repente, un contraste doloroso. En el pabellón cuatro la República Dominicana exhibe los argumentos que cautivan cada año a miles de españoles que buscan el sueño caribeño para huir de su asfixiante rutina. «Lo tiene todo», es el eslogan que corona el imponente expositor dominicano de dos plantas. Sin embargo, un pasillo más allá está el exiguo stand de Haití, que carece de lema. Bien podría ser el opuesto: «Haití no tiene de nada».
Y es que hasta las cinco personas que debían atender el stand de Fitur quedaron atrapadas por el terremoto. En su lugar, varios voluntarios atienden el expositor junto a las banderas de la República de Haití; pero no se engañen, Haití no está en la mayor feria de turismo del mundo para vender su «producto», sino más bien para recibir la solidaridad del pueblo español.
En los mostradores los folletos turísticos han sido reemplazados por hojas sueltas tituladas «Ropa», «Alimentos» o «Medicamentos». En medio del bullicio de la feria la gente va llegando para escribir, según lo que quieran donar, sus datos y dejar un teléfono de contacto. Quieren colaborar con los malogrados haitianos.
Jean Claude Augustave es uno de esos voluntarios. A sus espaldas, muchos años viviendo en España y pocos familiares y amigos ya en su país natal, Haití. Como él mismo reconoce, no está para convencer a nadie de que visite las paradisiacas playas, la Citadelle o el palacio Sans-Souci, habitado en tiempos por el líder independentista Jean Jacques Dessalines. Más bien está para recoger los ánimos de quienes se acercan para informarles de cómo colaborar con su país de origen y también para decirles que los responsables gubernamentales no son partidarios de las adopciones de niños en tal situación.
«En las grandes ciudades las infraestructuras están ahí, pero en Puerto Príncipe todo está destruido», expresa Jean Jacques sin inmutarse. El otrora imponente palacio presidencial de la capital, hoy quebrado, lo dice todo. En cambio, lejos de lo que pueda parecer, el terremoto del pasado 12 de enero venía precedido por otro, éste, de carácter político, porque ésa es la diferencia que justifica el desigual comportamiento turístico entre la República Dominicana y Haití.
«El problema de mi país, que siempre ha sido turístico, radica en lo político. Los sucesivos golpes de Estado han ralentizado la actividad comercial», asume Jean Claude, quien añade que «a causa de las turbulencias políticas la situación ha sido siempre mala».
A continuación detalla que «a pesar de las elecciones de hace dos años el panorama no ha cambiado, porque los comicios fueron muy contestados». En Haití es vox pópuli el rumor que sitúa a Bush detrás del golpe de Estado anterior a las elecciones presidenciales. «Por eso, hay muchos haitianos que piensan que es Estados Unidos quien corta el bacalao», añade Jean Claude en un perfecto castellano.
El bullicio y la actividad no cesan en Ifema bajo una megafonía que no para de anunciar las actividades que vienen a continuación. Allí donde los touroperadores y las agencias emplean cada segundo de su tiempo en ofrecer ocio a los habitantes de los países desarrollados, Haití pide ayuda para salir de los escombros.
José María SADIA
La embajadora de Haití en España saca tiempo de donde no lo hay para atender a los medios que se lo solicitan. Yolette Azor-Charles es una de las personas más solicitadas en Fitur 2010, fuente directa de información sobre la isla.
-A pesar de la tremenda situación de su país, demuestran que para ustedes sigue siendo importante estar en un foro mundial como es Fitur. ¿Por qué?
-Estamos aquí para mandar un mensaje real y positivo, y así demostrar que Haití sigue existiendo. Nuestro país tiene 27.700 kilómetros cuadrados y el problema ha afectado a la capital, a varias ciudades del Sur y, en total, el 20 por ciento de la población se ha visto afectada. Esto quiere decir que la gran mayoría de los haitianos hace una vida normal y tiene actividad, pero también angustia por ayudar a los demás. Ahora es el momento de pensar en la reconstrucción.
-¿Cómo valora el comportamiento de España con Haití?
-Desde el principio, la solidaridad española ha sido ejemplar. Desde 2004 Haití es un país prioritario para la cooperación española, y la ayuda se ha multiplicado por treinta. En el ámbito estatal España está involucrada, al fin y al cabo, con una antigua hija suya, algo que la gente olvida.
-Parece que las catástrofes naturales pongan siempre su objetivo en los más débiles.
-Las catástrofes no acuden a los más pobres, porque no tienen un GPS para encontrarlos. Sin embargo, es cierto que los países menos desarrollados son quienes sufren las consecuencias más devastadoras, porque no han tomado disposiciones y normas contra sucesos como seísmos o huracanes. El terremoto no nos avisó, no tiene teléfono, e incluso hay gente que murió de pie. No han tenido tiempo ni de correr.
-¿Qué les diría a quienes sostienen que Haití tiene un mañana muy complicado?
-Haití tenía un difícil ayer y hoy es peor, pero mañana tiene que ser mejor. La reconstrucción es un desafío para todos, porque es una región del planeta la que ha recibido el terremoto. No se trata de una negligencia de nadie. Lo que podíamos haber evitado es tener tanta gente en una capital, Puerto Príncipe, construida para 250.000 personas.
-En cuanto al Gobierno, ¿usted cree que podrá levantar esta situación solo?
-El Gobierno existe, está funcionando, yo les mando correos electrónicos todos los días. Ahora sus miembros trabajan en una situación de dificultad, pero hay que darles aire para que hagan frente a la situación, al «shock» que han sufrido.
-¿Cuál ha de ser el papel de República Dominicana, sus compañeros de isla?
-La República Dominicana ha realizado el papel de ayudar. Es un país vecino, hermano, y tenemos una relación cordial y, a nivel oficial, muy buena. A otros niveles, la relación es complicada por la presencia masiva de haitianos allí. Además, lo que está pasando está ejerciendo una influencia negativa en su organización. Pasan demasiados aviones, llegan enfermos y, en definitiva, se generan problemas también para ellos. Sin embargo, han reaccionado también con una solidaridad ejemplar y se han movilizado para ayudarnos. Es cierto que pasan las cosas en la frontera, pero sus representantes aquí en Fitur han venido a saludarme y el Gobierno haitiano ha recibido saludos y cariño de parte de todos, con el presidente a la cabeza. De momento, sólo podemos decir que la relación es muy buena.
-¿De dónde es usted?
-De Gonaives. Es la ciudad de la independencia, y también, desgraciadamente, la que sufrió un huracán en 2008 que hizo que olas de nueve metros arrasaran nuestras casas.
-¿Su familia ha sufrido las consecuencias del terremoto?
-Mis hijas están en Europa, pero de mis tías y, sobre todo, de las primas que son de mi generación y sus hijos, que están en Puerto Príncipe, no tengo ninguna noticia. Mucha gente todavía no ha podido hablar con sus familias que están fuera, porque no hay contacto telefónico.