Oviedo / Madrid, Agencias
El asturiano Roberto Flórez, ex agente de los servicios secretos españoles, aseguró ayer en el juicio abierto contra él por un delito de traición que las cartas en las que ofrecía información a Rusia sobre el servicio secreto español y que fueron encontradas en su domicilio de Tenerife eran parte de un «supuesto práctico» con el que quería evidenciar las deficiencias de seguridad en el espionaje español. El de ayer fue el primer juicio por traición que se celebra en la democracia española.
Flórez, originario de la localidad asturiana de Bayo (Grado), declaró ayer en la primera sesión del juicio que se celebra a puerta cerrada en la Audiencia Provincial de Madrid. Se enfrenta a una petición de doce años de prisión de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado por un delito de traición, ya que está acusado de vender información a los servicios secretos rusos entre 2001 y 2004.
Según ha explicado el abogado, Manuel Ollé, el ex espía aseguró al tribunal que las cartas supuestamente vendidas a los rusos formaban parte de un «supuesto práctico» que realizó en 2001 para una monografía encargada por el propio CESID (nombre que recibía el espionaje español hasta que en 2002 pasó a denominarse Centro Nacional de Inteligencia, CNI). Flórez declaró que esas cartas nunca se llegaron a enviar a su supuesto destinatario, el número tres de la embajada rusa en Madrid, Petr Melnikov.
El espía asturiano, que vivió en Bayo hasta los 18 años, añadió que, finalmente, las cartas no fueron incluidas en un documento con el que sólo se pretendía poner en evidencia las deficiencias de seguridad de los servicios secretos españoles. Respecto a las razones por las que se abrió una investigación que llevó a su detención en Tenerife en 2007, Flórez aseguró que había «ciertos sectores» del CNI en los que «no era bien visto y no era simpático».
En una de las cartas que le fueron requisadas -fechada en diciembre de 2001 y dirigida a Melnikov-, Flórez ofrecía información a Rusia porque se consideraba «una persona de izquierdas» y por su «posición personal contra la política exterior de Estados Unidos», según consta en los escritos de acusación de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado.
El abogado del ex espía asturiano ha insistido en que las cartas eran «figuradas», que formaban parte de la documentación con la que estaba trabajando el ex agente para la monografía que le habían encargado sus superiores y que finalmente decidió no incluirlas porque el momento de su entrega coincidió con los cambios en la estructura, organización y dirección del centro.
«En el momento en el que terminó la redacción de esas cartas, las metió en una bolsa y en esa bolsa se quedaron hasta el día en que fue detenido y ya no hizo nada más con ellas», subrayó Ollé a la salida del juicio.
Durante la sesión de ayer también declaró, en calidad de testigo, el ex director general del CNI Alberto Saiz. A la salida de la sesión judicial declaró a los medios: «He llegado al límite en mis declaraciones, he llegado hasta donde podía llegar con el ánimo de ayudar a la Justicia y de que todo quede lo suficientemente claro». Sin embargo, y pese a las afirmaciones del ex jefe de los espías españoles, el abogado de Flórez ha afirmado que Saiz se acogió a su derecho a no contestar «por razones de seguridad» a la mayoría de las preguntas que se le han formulado y que no ha dado ningún detalle cuando se le ha preguntado «cuándo, cómo, a qué servicios, a quién, de qué manera y si percibió algún tipo de remuneración».
El abogado defensor del ex espía asturiano aseguró que en el proceso «no se ha aportado prueba alguna en la que hubiera evidencia de que Roberto Flórez hubiera ofrecido o vendido información clasificada como secreta o reservada a servicio secreto o Estado alguno». La vista continuará hoy con la declaración de un agente del CNI y de varios policías y guardias civiles que intervinieron en la investigación.