Avilés, Juan C. GALÁN
La comunidad franciscana de Avilés disfruta estos días de unas sensaciones similares, seguramente, a las de ser agraciados con el gordo de la lotería. La orden tiene una minúscula representación en Asturias -tan sólo ocho frailes-, de los cuales tres se asientan en el convento de Avilés, el más antiguo de toda la región. Por eso, que uno «de los suyos», Jesús Sanz Montes, haya sido nombrado arzobispo de Oviedo por la Santa Sede lo asemejan a encontrar una aguja en un pajar, casi un designio divino. Humberto González, el entrañable «fray Tito», responsable de la comunidad franciscana avilesina -junto a él hacen votos Jesús Calvo y Domingo Pividal-, mostró ayer su esperanza de que el gobierno eclesial de Sanz Montes, que se inicia este sábado, sea el de la concordia y la apertura de miras.
Cuando se le pide que detalle cuáles son sus expectativas ante el mandato de Jesús Sanz Montes, Fray Tito opta por enumerar la esencia de la fe franciscana: «Espero que el nuevo arzobispo se guíe por nuestra filosofía, que se basa en la fraternidad, el diálogo, la comprensión y la sencillez. No le pedimos nada más», señala el fraile franciscano, cuya orden se rige por el recogimiento, la meditación y la atención a los más necesitados.
Fray Tito apenas conoce al obispo que regirá, desde este sábado, los designios de la Iglesia asturiana. A lo largo de su vida clerical, en tan sólo una ocasión se cruzaron sus caminos: fue en 1997, cuando Humberto González asistió en Toledo a unos cursos de la orden franciscana española. «Recuerdo que hablé con él brevemente y luego asistí a su conferencia. Me pareció una persona de trato muy agradable y con un don para la comunicación», recuerda. Buenas perspectivas, pues, para un mandato que, para los franciscanos avilesinos, debe estar presidido por el diálogo.
Jesús Sanz, madrileño de 55 años y que hasta el pasado domingo ofició como obispo de Huesca, llega este sábado a la diócesis asturiana precedido por una fama de hombre próximo a Rouco Varela, contundente en sus opiniones y que no duda en defender sus creencias en polémicas abiertas sobre el aborto o la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Además, se ha mostrado crítico con el Gobierno socialista en sus cartas pastorales. Fray Tito, discreto por antonomasia, apoya el hecho de que los religiosos opinen públicamente sobre temas sociales, «siempre y cuando las palabras vayan dirigidas a una comunidad cristiana», aclara el fraile avilesino.
Jesús Sanz sucederá a Carlos Osoro al frente de la archidiócesis de Oviedo. El mandato del sacerdote cántabro, ahora arzobispo de Valencia, es calificado con buena nota por Fray Tito: «Lo hizo bien, dentro de sus limitaciones», señala el franciscano avilesino, quien, no obstante, espera que la dirección de Jesús Sanz aporte cambios: «Algo va a cambiar, seguro. Al nuevo arzobispo sólo le pido que sea un buen pastor: que dialogue, que no excluya y que se preocupe por el día a día de la Iglesia y de la familia», señala Humberto González.
Amén de las aportaciones meramente religiosas de Jesús Sanz, la llegada del nuevo arzobispo de Oviedo podría facilitar el proyecto de excavación arqueológica que el Ayuntamiento y el Principado proyectan en el interior de la iglesia de los Padres Franciscanos de Avilés. El templo, el más antiguo de la ciudad, podría ocultar en su subsuelo datos cruciales para afinar la fecha de origen de Avilés. El proyecto necesita del permiso de la Iglesia, y el hecho de que Jesús Sanz sea franciscano podría favorecer la entente. «Quizá sea más fácil, pero no creo que, por ser franciscano, vaya a hacer distingos. Para nosotros sería un alegrón que se llegue a un acuerdo; y si el nuevo Arzobispo se atiene a la esencia de la orden, en la que impera la comprensión, seguro que se alcanzará», señala fray Tito.
Jesús Sanz será el sexto franciscano que rija la Iglesia asturiana. El quinto, antecesor del religioso madrileño, fue Simón García Pedrejón. Fue hace «sólo» 403 años.