PEDRO DE SILVA
Los grandes jugadores son los que saben sacar el juego del embrollo en que se encuentra y abrirlo con un pase largo. Algo así hacía falta en el debate sobre la inmigración, y el gran pase lo ha dado un profesor y columnista, Juan Carlos Torreblanca. En un artículo magistral, urde la ficción de que el telediario de la noche lo conduce un periodista magrebí, en Lavapiés patrulla una policía con velo, el fiscal general es de origen dominicano, ha llegado una jurista saharaui al Constitucional y hay 40 diputados que proceden de familia inmigrante: todo muy razonable en un país que tiene 5 millones. Torreblanca ha puesto el dedo en la llaga, y aunque el ascenso social de las minorías sea lento, los partidos deberían comprometerse a introducir en sus listas para las próximas elecciones españoles de origen inmigrante. De no hacerlo, su defensa del inmigrante sería despotismo ilustrado.