ARTURO ROMÁN
Anda el ser humano en general preocupadísimo porque Ferrán Adrià, emperador de la deconstrucción gastronómica, va a cerrar por dos años lo suyo en Gerona con la intención de reinventar la cocina y, de paso, encarecer el hambre que deben dejar sus espumosas esferificaciones de hueso de aceituna salvaje. Y es que el asunto del estómago es algo que preocupa mucho desde siempre a los de nuestra especie y es cosa de no menearlo mucho. Véase, por ejemplo, la última polémica en el aeropuerto de Asturias. Denuncian los sindicatos, a través de una publicación en internet llamada Aviacióndigit@l», que, de resultas de un cambio de empresa en la gestión de la cafetería, además de una posible pérdida de empleo puede producirse la desaparición del menú de la «famosa fabada» que se degusta en la terminal. El asunto en la web ha animado a la participación de algunos lectores que elogian los preparados de la cafetería y, en concreto, los bocadillos de picadillo, un manjar que junto a la fabada resulta ideal para viajar por los aires. O para que los aires viajen.