PEDRO DE SILVA
Las réplicas de la transición están siempre lastradas por la falsedad del relato «oficial» (hoy «indiscutible»), pero es obvio que Adolfo Suárez ocupa un papel principal. Reconstruir el personaje tiene grandes riesgos, el mayor dar con un actor cuyo físico y carisma le permitan manejar los resortes del encanto de Suárez. El núcleo político de Suárez era su capacidad de seducción, una mezcla de ambición, nobleza, osadía, autoridad, simpleza, optimismo y presencia física. Esos rasgos se reflejaban en su cara, que tenía la transparencia de quien se siente tan seguro de sí que muestra más de lo que oculta, cuando la cara suele servir para lo contrario. Así es como Suárez comunicaba, y pudo seducir a una mayoría de españoles (Rey incluido): mostrándose en distancia corta. Era un «cara», en el mejor sentido, la excelencia del «cara». Difícil que otra cara le refleje de modo convincente.