Oviedo, Marta PÉREZ
La casa de los horrores huele a cerrado, a humedad y a podrido. Está a oscuras, hace unas semanas que cortaron la luz. La basura asoma en cada rincón: pilas de ropa, restos de comida y objetos personales se distribuyen en montañas por todas las estancias. En la casa de los horrores no vive nadie, pero hasta el 24 de junio del año pasado ese piso lleno de basura, en la calle Mariscal Solís, de Oviedo, era el hogar de María Luisa Blanco Blanco, la joven de 36 años asesinada brutalmente en su vivienda del barrio de Vallobín. En un pasillo que no invita a entrar sino a salir del piso la mataron. Luego la descuartizaron en la bañera. Sus restos fueron a la nevera. LA NUEVA ESPAÑA recorrió ayer el escenario del crimen, bajó al «pozo» donde murió María Luisa. Así es:
- El pasillo. Un corralito infantil está atravesado, interrumpe el paso. Pertenecía al bebé de L. L. R. y Jesús V. B., dos de los «inquilinos» de la familia Blanco. Ambos jóvenes están imputados por participar en el asesinato: él está en Villabona y ella en el centro de menores de Sograndio porque en el momento del crimen tenían 17 años. En el mismo lugar que ocupa el corralito murió asesinada María Luisa Blanco. El informe de la autopsia aún está pendiente, pero se sabe que murió asfixiada. Luego tendieron su cuerpo sobre una cama, la de su hermano Pablo, hasta que al día siguiente por la mañana el cuerpo fue descuartizado en la bañera.
- La habitación de Pablo. La habitación del hermano de María Luisa, Pablo Luis, parece la sección de oportunidades de unos grandes almacenes saqueados. Cinco videoconsolas, montones de ropa sobre la cama, una canastilla de bebé y películas, muchas películas: algunas de miedo y otras de amor. Pablo se autoinculpó del crimen en un primer momento, pero más adelante cambió su declaración y explicó a la juez que instruye el caso, Marisa Llaneza, que si apretó el cuello de su hermana fue obligado por los «inquilinos». Pablo también está en Villabona. En la habitación hay una cajita que pone «Cristian M. P.» y que guarda una colección de pases de discotecas. Cristian M. P., el tercer «inquilino», también está en prisión, acusado de participar en el crimen.
- La cocina. La madre de María Luisa y Pablo, Rosario -en libertad con cargos por encubrir el crimen y a cargo de los servicios sociales-, explicó a la juez que pasaba hambre en su propia casa y que, en alguna ocasión, los inquilinos le compraban latas de fabada. Tres latas vacías permanecen aún en la encimera de la cocina, entre platos sucios y cajas de pizza. En la cocina falta la nevera donde guardaron los restos de María Luisa. Se la llevó el Centro Reto.
- El baño. Es la estancia más adecentada de toda la casa; no acumula montañas de basura. La bañera, muy pequeña, es el lugar donde el cuerpo de María Luisa Blanco fue descuartizado. Del baño, a la nevera. La idea inicial, según declaró Cristian M. P., era adoptar unos perros en el albergue municipal para que se comieran los huesos. Para deshacerse del cráneo, habían decidido comprar una radial.
- La habitación de María Luisa. La joven asesinada compartía habitación con su madre hasta la llegada de Jesús V. B. y la menor. En la puerta, alguien escribió con tiza: «Pablo, estás muerto».
- El salón. El salón era la habitación de Rosario y María Luisa desde la llegada de los nuevos habitantes de la casa. Dormían en un viejo sofá, junto a una ventana rota en el transcurso de una de las habituales peleas en la casa. En ese mismo sofá es donde supuestamente permaneció sentada la madre de la víctima mientras asesinaban a su hija en el pasillo, apenas a unos cuatro metros de distancia.