Covadonga, J. M. / P. G.
«He gozado viendo en Covadonga a mi numerosa familia y a toda la gente que me ha acompañado de Jaca y Huesca, que no me quieren soltar». Jesús Sanz Montes se mostraba ayer así de feliz tras cumplir por primera vez con uno de los rituales de muchos asturianos: pasar un día en Covadonga en compañía de la familia y los amigos. «Todo esto nos produce mucha emoción y orgullo», aseguraba Inés Sanz, hermana pequeña del nuevo arzobispo de Oviedo. Junto a sus otros cuatro hermanos (Vidal, Lidia, Almudena y Carlos), sobrinos, como el pequeño Guillermo Capilla, y otros parientes de Jesús Sanz Montes, que superaban la veintena. Inés Sanz confesó que estos días en el Principado «han sido maravillosos». «Estamos encantados de que lo hayan enviado a Asturias. Es una tierra que nos encanta».
¿Y qué pueden esperar los asturianos de su nuevo arzobispo? «A una persona con mucha humanidad y muy cercana», avanzaba la pequeña del clan Sanz Montes. Una afirmación a la que se sumaron decenas de vecinos de Jaca y Huesca, anterior destino de Jesús Sanz Montes, que se acercaron a Covadonga para arropar a su ya ex arzobispo en el inicio de su nueva andadura.
Entre las reflexiones de sus antiguos feligreses destaca la de Pilar Brotos, enlace sindical de la sanidad de CC OO en Huesca. «Nunca pensé que iba a echar de menos a un obispo; siempre he estado en contra de la jerarquía de la Iglesia. Sin embargo, a él le conocí discutiendo sobre cuidados paliativos y empecé a conocer a la persona. Nunca me había preocupado de las personas de la jerarquía; tienen su orden estructural y obediencia, y amén a todo. Sin embargo, con él he aprendido a poder discutir los temas respetando sus opiniones y él respetando las mías», aseguraba en la escalinata de la basílica de Covadonga. «Es un hombre valiente que comunica muy bien. Cuando habla no deja indiferente a nadie», terciaban Ana Isabel Berges e Isabel Carrasco, de Huesca, convencidas de que en su nuevo destino su anterior obispo «va a demostrar su capacidad para dialogar con los que no opinan como él». Las dos se mostraban convencidas de que la labor pastoral de Sanz Montes se verá facilitada porque «por lo que hemos visto en Asturias, lo van a acoger muy bien. Se va a sentir muy a gusto».
«Es bueno y justo», añadió Margarita Hernández, una vecina de Ávila con la que, junto a una quincena de miembros del Movimiento de Comunión y Liberación, Sanz Montes entabló amistad en su etapa como monje franciscano en un convento abulense. «Está muy ilusionado con esta nueva etapa, en la que sabe que le espera un duro trabajo», confesaba Hernández.
Y así, Sanz Montes vivió su primer día como arzobispo de Oviedo, acompañado de sus antiguos fieles mientras se dispone a conocer a sus nuevos feligreses.