Covadonga (Cangas de Onís), P. GONZÁLEZ / J. MORÁN
Jesús Sanz Montes llegó ayer animoso a Covadonga -en su primera visita al santuario como flamante arzobispo de Oviedo-, pero con un nuevo nombramiento a las espaldas. El Papa le ha designado administrador apostólico de Huesca y de Jaca, las dos diócesis que gobernó hasta su toma de posesión en Asturias, el sábado.
Las funciones de Sanz Montes en esas sedes serán temporales, hasta que la Santa Sede nombre a sus sucesores, pero el Arzobispo reconoció que ello «dificulta enormemente mi aterrizaje en Asturias». De él dependerán tres diócesis: «Es desmedido, pero puedo entender que el Santo Padre lo ha hecho porque la Curia vaticana piensa en una interinidad breve para Huesca y Jaca». El Arzobispo agregó luego que «dada la envergadura en población, desafíos y problemática que tiene Asturias, es necesario trabajar desde el primer momento con alma, vida y corazón».
Pese a las responsabilidades ahora añadidas, Sanz Montes disfrutó ante la Santina y recordó sus tiempos de «macuto de montañero», con anteriores visitas a Covadonga. Pero ayer estuvo acompañado por «asturianos, jacetanos, oscenses, mi familia y mis amigos, que han madrugado para venirse aquí». Hubo un rato para echar la vista atrás, a sus primeras 48 horas en Asturias. Reflexionó sobre la calurosa acogida de su primera homilía -el sábado, en la Catedral de Oviedo-, y se consideró aprobado en tomar sidra (en Colombres, el viernes), y en utilizar el asturiano.
Sobre su prédica del sábado, premiada por tres ovaciones de los fieles, Sanz Montes comentó que «lo que dije estaba muy pensado, salió muy del corazón y he hecho de esas palabras una plegaria para que no sean un brindis al sol, sino que puedan ser un camino para que todos, lo quise subrayar, podamos construir esta historia a la que ahora me uno». En la homilía habló de la defensa de la vida y ayer agregó que «sobre el aborto jamás opino desde una posición privada, sino que me hago portavoz de la larga tradición cristiana en referencia a la vida, y también a la libertad, a la familia o a la educación». Por otro lado, también insistió de nuevo Sanz Montes en que «más de 70.000 parados en Asturias me parecen de verdad un estigma».
Sobre el uso del bable en unas frases de su homilía, el Arzobispo comentó que estos días «me han dicho cosas muy bonitas, en castellano y en asturiano», pero «no he empezado a estudiar asturiano, como tampoco aprendí en Aragón la fabla aragonesa». El mitrado añadió que «no sé qué implantación puede tener el asturiano, pero si se me entiende en castellano, hablaré en castellano. Eso no quita que si hay que decir algunas palabras en asturiano, como lo hice en la Catedral, lo haga». Y sobre la sidra que le sirvieron en Colombres señaló que «me causó gracia el elogio que hicieron cuando tomé el primer culete: "¡Qué bien hace esto, que es muy nuestro! "». Por tanto, «tiene su importancia que aprender a tomar un culete de sidra me haga un asturiano más».
La visita de Sanz Montes al real sitio comenzó ayer a las once de la mañana. A la entrada de la Santa Cueva esperaban el abad, Juan José Tuñón, y el cabildo del santuario, en traje coral de canónigos. Covadonga lucía también sus mejores galas: la Santina vestía el manto donado por Isabel II en 1858, y en la cabeza llevaba la corona de gala, impuesta en 1918 por el arzobispo de Toledo, el asturiano Victoriano Guisasola. Además, Tuñón presentó a Sanz Montes, para que la besara, una cruz que perteneció al San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana y canónigo de Covadonga entre 1906 y 1913.
El himno de Asturias -interpretado por la Banda de Gaitas «Ciudad de Cangas de Onís»- sonó potente dentro del primer tramo de la cueva y Sanz Montes avanzó después hacia la Santina. Ante ella rezó y a continuación habló a los presentes: «Una patria es querida, y Asturias lo es; para los asturianos y todos los españoles este es un rincón especial en donde la patria se deja querer. La historia cristiana tiene en este lugar nombre de mujer».
El Arzobispo se mostró especialmente atento a los 33 niños y jóvenes de la Escolanía de Covadonga, que interpretaron un canto tradicional mariano y estaban acompañados por Jorge de la Vega (director), Fernando Álvarez (organista) y Olartz Gómez (educadora). «¿Tenéis frío? ¿Seguro que no?». La mañana era gélida, las nubes muy bajas y la lluvia constante. «Tenéis buenas voces porque ni siquiera el "chorrón" (la cascada) que tenemos debajo ha sido capaz de acallar vuestras voces blancas». Mariano Carrera, barítono aficionado de Huesca, entonó también una pieza ante Sanz Montes y la Virgen.
Sobre el real sitio y las obras aun pendientes en sus accesos, Sanz Montes declaró posteriormente que «bienvenida cualquier colaboración; estoy dispuesto a hablar y a colaborar para entre todos hacer de Covadonga algo importante, que ya lo es». Tras la visita a la Santa Cueva, el Arzobispo presidió a las doce del mediodía la misa del peregrino en la basílica.