PEDRO DE SILVA
Todo político visionario está condenado a tener una segunda vida como pragmático. Ésta suele ser más interesante que la primera, pues los grandes valores se hacen creíbles cuando toman cuerpo en la realidad y el verbo se hace carne. En esa segunda vida se contrasta la fuerza de las creencias del visionario. Unos apostatan de modo abrupto, caen al suelo, cogen miedo, se hacen reptiles y se olvidan para siempre de los sueños. Otros toman tierra, pero sin renunciar a las alas, y no dejan de revolotear de vez en cuando, que es lo más que puede hacer un ave en un corral. Los mejores frutos políticos no han venido nunca del soñador irredento ni del pragmático recalcitrante, sino de los soñadores que se han hecho realistas, pero sueñan de vez en cuando, y de los pragmáticos que le han cogido el gusto a soñar a veces. El segundo Obama nos dará la talla que de verdad tenía el primero.