Oviedo, L. Á. V.
Diana Rodríguez Villar describió tras el ataque una auténtica pesadilla de terror, con el agresor atacándola en la oscuridad de un pasillo con una violencia inusitada. Sin embargo, fue ella misma la que pudo repeler el ataque, hablando con el joven. «Tú no eres así, mira lo que estás haciendo, no eres así», le dijo, y el atacante se paró en seco y se dirigió al teléfono para llamar a la Policía y a una ambulancia. Lo relató el padre de la víctima, Eduardo Rodríguez Menéndez, radiólogo del Hospital Central de Asturias (Oviedo), mientras su hija se encontraba aún ingresada en Valdecilla.
El ataque recordó mucho el ocurrido cinco años antes en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, cuando una médica residente con problemas psiquiátricos, Noelia de Mingo, mató a tres personas y causó lesiones a otras siete armada con un cuchillo. Todo el mundo sabía que estaba muy enferma, pero nadie hizo nada por apartarla del servicio.
También en el caso de Isidro Rivadulla, que ya en 2005 comunicó a los responsables del hospital que había acudido a una consulta psiquiátrica. El joven había rechazado unos meses antes un tratamiento psiquiátrico ofrecido por el propio centro. Pero nadie hizo nada por apartar a un joven «introvertido y raro».
Por todas estas circunstancias, la acusación particular solicita penas más duras para el joven, en concreto, cuatro años y medio de cárcel y una indemnización por las lesiones y las secuelas de 73.120 euros.
Por su parte, la defensa del joven admite que Isidro cometió un delito de homicidio en grado de tentativa y pide que la pena sea de dos años de cárcel, con internamiento en un centro psiquiátrico.