Oviedo, J. E. M.
La cúpula del PSOE español y asturiano conoce «de sobra y desde hace ya un buen tiempo» que Javier Fernández, secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA), está dispuesto a dar el relevo a Vicente Álvarez Areces y a liderar la candidatura del PSOE en las próximas elecciones autonómicas. «Que Fernández había tomado una decisión era algo de sobra conocido», señalan en Ferraz, sede federal del partido. No obstante, estas mismas fuentes evitaron precisar el contenido de la respuesta dada por el líder de la FSA a la ejecutiva federal para no vulnerar los tiempos de debate marcados por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que pidió que la discusión sobre las listas no se abriera hasta después de la Presidencia española de la Unión Europea, sobre el mes de julio. Fuentes de la ejecutiva federal del PSOE retrasan incluso el debate «hasta el otoño».
Pese al intento por mantener la pulcritud con la línea oficial marcada, la opinión que sale desde la sede federal del PSOE es significativa. Y se produce después de que Jesús Gutiérrez, secretario de organización de la FSA, asegurase el jueves que «la decisión ya ha sido tomada y hace tiempo que ha sido trasladada a la comisión ejecutiva federal». Unas declaraciones que daban la réplica a las hechas el martes por el presidente asturiano, Vicente Álvarez Areces, quien, en un encuentro en el Ritz de Madrid, señaló: «Si se habla de mi candidatura, será porque algunos tienen dudas».
¿Qué pudo llevar al secretario de organización de la FSA, a priori encargado de mantener la calma en el partido, a intervenir en el debate? Lo primero, según las fuentes pulsadas ayer en el PSOE asturiano, una sensación de «deslealtad». Si Areces conocía de las intenciones de Fernández y sabía que éste está dispuesto a ser candidato -algo que ha asegurado en algunas conversaciones privadas el mismo secretario general de la FSA-, la dirección regional no podía permitirse que el Presidente siguiera sembrando dudas y generando nerviosismo.
Toda la gestualidad de Areces apuntaba en la misma dirección. El Presidente se mostraba hiperactivo y ubicuo. Su agenda se llenó de reuniones con los alcaldes para firmar el «plan A» y dio cobijo a todo tipo de inauguraciones. También se conocieron contactos de algunos colaboradores de Areces con agrupaciones locales para calibrar los apoyos. Así lo entendieron los «javieristas». El Presidente estaba dejándose ir en el día a día buscando que la misma realidad lo consolidara como candidato. «Parecía querer estar en todos los sitios a la vez y eso empezaba a levantar suspicacias», afirman fuentes socialistas. Intervino en los dos últimos comités federales, donde siempre suelen hablar los secretarios generales y multiplicó sus actos en Madrid. A todo esto sumaron las palabras del Ritz, en las que la imagen de Fernández, según valoran destacados socialistas asturianos, no salía muy bien parada.
Ahora, mientras los «javieristas» llaman al silencio y a centrarse en la acción de gobierno, los «arecistas» parecen dispuestos a jugar su bazas. Areces podría incluso forzar unas primarias, aunque las direcciones nacional y regional lo ven muy «improbable». Fuentes cercanas al «arecismo» señalan, contra lo esgrimido por la FSA y Madrid, que el Presidente no conocía la decisión de Fernández.
No falta quien tercie con lecturas equidistantes. «No parece lo más correcto que sea el propio Javier Fernández quien comunique a Areces su decisión, lo normal es que la ejecutiva federal hable con los dos y diga: esto es lo que hay», afirma un dirigente socialista, que añade: «Ahora bien, si Areces lo conocía por Madrid y siguió en ese juego, una de dos: o está preparándose para dar la batalla por la candidatura o está presionando a Madrid para lograr la salida digna que merece».