PEDRO DE SILVA
Hacemos vida biológica al aire libre (trabajo, casa, amigos, familia, etcétera), pero vivir, lo que se dice vivir, lo hacemos en grietas. Ese ratito en el coche, yendo al trabajo, metidos en la burbuja de una música poderosa, mientras con los ojos de fuera vemos moverse al enjambre humano, en la hora punta. Ese momento al final del día, tal vez ya en la cama, en que con una mano contenemos las preocupaciones que nos deja el día, la inercia de su trajín, para que no nos ahogue el sueño, y con la otra sostenemos un libro, para engancharnos a una historia dejada el día anterior. Ese momento en que, en medio del trabajo, dejamos de pensar en lo que hacemos y pensamos en alguien, tras lo cual nos sale de dentro, hasta dibujarse en la cara, una sonrisa. Incluso, ese pensamiento sucio que aspiramos a fondo sin perder la seriedad de la cara, y nos limpia el hastío, siempre la peor suciedad.