El socialismo asturiano ha dado en los últimos años una imagen pública de estabilidad, de unidad interna, muy diferente a la que ha venido trasladando a los ciudadanos el PP regional. La llegada de Javier Fernández a la secretaría regional del PSOE sirvió para acabar, de puertas afuera, con una época convulsa en el seno de la organización. Salvo episodios muy concretos, la Federación Socialista Asturiana ha mostrado en los últimos nueve años su cara menos conflictiva, pero en parte, también, la menos realista.
Lo sucedido en la última semana, el debate sobre la futura candidatura socialista a la Presidencia del Principado, el pulso entre Vicente Álvarez Areces y Javier Fernández, o quizá mejor habría que decir entre los partidarios de uno y otro (batalla que, salvo gran sorpresa de última hora, tiene ganada el segundo, como ya ha dejado claro el comité ejecutivo federal socialista), ha demostrado que la Arcadia feliz, o medio feliz, pretendida por algunos dentro del partido gobernante en el Principado no era tal. En el PSOE asturiano continúa habiendo dos sensibilidades. No es exactamente la FSA de hace diez años, pero sí hay dos sectores (al menos) enfrentados, como históricamente siempre pasó en el seno del principal partido de la izquierda en la comunidad autónoma (Metal de UGT contra SOMA, renovadores y guerristas, Gijón y Cuencas, villistas contra arecistas?).
Javier Fernández se convirtió en líder del socialismo asturiano en noviembre del año 2000 por un escaso margen de votos tras un duelo fratricida entre el sector del SOMA (liderado por José Ángel Fernández Villa) y el arecista (encabezado por el presidente del Principado y la agrupación de Gijón), que propuso como candidato a la secretaría general al avilesino Álvaro Álvarez. Después de aquel congreso, Javier Fernández supo reconducir la situación y logró aplacar los ánimos en el seno del partido a la vez que se decidió por una fórmula para acabar con los encontronazos constantes entre la FSA y el Gobierno autonómico, basada en la concesión del mayor grado de autonomía posible al poder ejecutivo regional, incluso en asuntos polémicos de gran calado político.
La actitud poco belicosa puesta en práctica por Javier Fernández, a la que hay que sumar su cesión del protagonismo público a favor de Álvarez Areces, no fue bien vista desde el principio por parte del conocido desde hace años como sector guerrista (el conformado en torno a las agrupaciones de las cuencas mineras y Fernández Villa). Este grupo dejó de ser un bloque compacto y en estos momentos está dividido entre los que apoyan sin fisuras a Javier Fernández y los que lo critican en mayor o menor medida e, incluso, coquetean ahora con el jefe del Ejecutivo (hasta no hace mucho y durante años su gran enemigo) para mostrar su desapego al secretario general. Pero si bien es cierto que la estrategia de Javier Fernández alejó a algunos de sus seguidores guerristas, también lo es que consiguió atraer a su causa a cualificados representantes del arecismo. Así las cosas, la opinión mayoritaria en el interior del PSOE asturiano es que Fernández tiene respaldo más que suficiente en el partido (comité ejecutivo y regional) para sacar adelante sus propuestas. Y por si fuera poco, también cuenta con el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero, José Blanco y el resto de los pesos pesados del PSOE nacional. Areces también tiene soporte madrileño, pero en el Gobierno: María Teresa Fernández de la Vega o Rubalcaba.
Vista la composición de fuerzas en el socialismo asturiano y una vez dado el paso adelante por parte de Javier Fernández, muy pocos en el seno de la organización creen que Álvarez Areces siga dispuesto a plantear batalla por repetir por cuarta vez consecutiva como candidato a la Presidencia del Principado. De ahí el malestar mostrado, sobre todo, por personas de su máxima confianza, el pasado viernes, cuando el secretario de la FSA dejó clara públicamente su predisposición a ser el «número uno» en los próximos comicios autonómicos. Porque Areces, al menos hasta ese momento (con él no van mucho los vaticinios, ya veremos lo que pasa en el futuro), había jugado muy fuerte en pos de la candidatura electoral, buscando respaldos incluso en el comité federal del PSOE, en donde intervino en las dos últimas reuniones cuando lo habitual era que dejara el protagonismo a los cargos orgánicos del partido.
Está en disputa una candidatura. Pero detrás hay mucho más. Hay una organización política institucional en juego. Un equipo de confianza de Areces que ha apostado al límite en esta carrera por su continuidad y que si, como todo hace indicar, la pierde, no saldrá muy bien parado. Al Presidente, es una opinión prácticamente unánime, se le intentará buscar una salida política adecuada a los méritos contraídos con el partido durante lustros. Los que le rodean lo tienen mucho más difícil y algunos, prácticamente imposible. Al perder esta batalla perderán la guerra.