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«´Ése de Gijón quiere estropear el partido´, me recriminaba el SOMA sobre Tini Areces»

«"Voy a poner los pies en Gijón y sabréis lo que es bueno", me dijo Villa; "si vienes a Gijón, te atamos una piedra al pescuezo y te tiramos al mar", respondí»

 
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Marcelo García Suárez, en un jardín de Gijón, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA.
Marcelo García Suárez, en un jardín de Gijón, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA.  ángel gonzález

El veterano socialista Marcelo García nace en una familia minera de Sotrondio en 1930. El primer recuerdo que conserva de su niñez es el de haber visto arder la Casa del Pueblo de esta localidad minera y el de visitar en la cárcel de El Coto (Gijón) a su padre, Alfredo García, socialista y dirigente del sindicato SOMA. La niñez de Marcelo transcurre, tras la Guerra Civil, entre los moros y legionarios del Ejército nacional o los falangistas de las Cuencas. Al otro lado están los rojos y los fugados, que pivotan en torno a la casa de Pepa «la Roxa», la abuela de Marcelo. Éste asiste a una escuela y a una parroquia donde imperan las hechuras del franquismo, al tiempo que su padre huye a Francia durante la represión de finales de los años cuarenta.

Gijón, J. MORÁN

Marcelo García Suárez (Sotrondio, 1930), relata en esta segunda entrega de «Memorias», sus inicios en la mina y en la oposición al franquismo, así como su posterior relación con Vicente Álvarez Areces, al que conoció de chaval en la Academia Obrera de Cura Sama y al que luego lanzó a la Alcaldía de Gijón con la oposición de la Federación Socialista Asturiana.

l Mina y rebeldes. «A los 14 años empecé a trabajar bajando madera del monte para el pozo Sotón, en el que entro a los 16. Al poco de llegar empezamos a protestar porque sólo había agua caliente para encargados, jefes y oficinas. Nos encerramos en la casa de aseo tres o cuatro días. Llegó la brigadilla de la Guardia Civil y nos seleccionó a diez o doce. Nos dieron una buena paliza, pero aguantamos y terminaron poniendo agua caliente. Hasta el cura, don Marcelino, nos dio la razón, porque quería congraciarse con el pueblo. Trajo unos frailes a predicar, pero los chavales andábamos guardados por los castañales. Entonces pusieron altavoces para que todo el valle se enterara de las prédicas. Empezaron a surgir los rebeldes. Había uno que llamaba el Rexáu. El padre desapareció y los falangistas de Laviana le dieron palos a la madre para que dijera dónde estaba el marido. En una paliza la mataron y la dejaron tirada. El Rexáu tenía 13 años y la enterró. Cuando empezó a trabajar en la mina, se hizo con una metralleta, entró en casa de uno de los falangistas y los mató a él, a la mujer, a la hija y al guardia civil con el que ésta estaba casada. Había dos críos pequeños y los dejó. El Rexáu fue a guardarse a la zona de la Invernal, hacia el año cuarenta y cinco. Con él se ocultaron Mario y Andrés, "los gitanos", y Carrión y otro de Turón: Quintana».

l Captación del PC. «Mientras tanto, el Partido Comunista (PC) se metía por todos los sitios. Vino uno que llamaban Pedro "el Andaluz", que seguramente venía del Comité Central de Francia, y se reunió con un montón de chavales. "¿Sabéis quién es el secretario general?" Había sido José Díaz, pero en aquel momento era Dolores Ibarruri, la Pasionaria. Yo sabía esas cosas porque escuchaba las conversaciones de los paisanos cuando estaban de tertulia o salían de trabajar de la mina. Estaba enterado de todo y entonces decían que la Pasionaria había afogado a Díaz para ser ella secretario general. Quisieron convencerme de que me metiera en PC, pero yo les decía que la Guerra Civil me había dejado bastante jodido porque en mi casa mi padre era socialista y un hermano suyo, Fernando, comunista, y no se dirigían la palabra».

l Una maleta en León. «Estando en el monte, el Rexáu mató a nueve o diez falangistas antes de que lo mataran a él. Del grupo del Rexáu, que eran 10 o 12, sólo quedaba Ramón, que huyó a La Camocha. Hubo un copo de la Guardia Civil y dijeron que se entregara o quemaban el pueblo. Él se suicidó entonces. Era 1953. La cosa quedó así, pero en el cincuenta y seis un capitán de la Guardia Civil llamó a mi hermano Vicente y a otro, Antonio, que era un fanático del PC. "Os tenemos a todos controlados". Entonces prepararon el viaje para marchar a Francia, y yo con ellos. Llevábamos una maletuca de madera, con la ropa de trabajo, el hacha y el pico. Llegamos a León, dejamos las maletas en consigna y fuimos a la mina de Santa Lucía, en la zona de Rodiezmo, a ver a unos familiares. Pero al ir hacia allá me entró morriña y vi un tren pasar. No dije nada a nadie, monté en el tren... y para Gijón. La maleta debe de estar todavía en León».

l Expulsión del Ateneo. «En Gijón empecé a trabajar en La Camocha y después me hice socio del Ateneo Jovellanos y en seguida me encontré con que estaban los comunistas también. Estaba Herrero Merediz, que metía el "Mundo Obrero" dentro de los otros periódicos y te lo encontrabas al ir a leerlos. Había un grupo de teatro, «La Máscara», y me metí en él porque me hice amigo de Alejandro Mieres y de Angelín Rubio. Eran los encargados de hacer los decorados y aprendí a vestir un escenario. Estaba también Juanjo Díaz, anarquista, que llevaba el cineclub, y Alejandro Mántara, y José Luis García Rúa, el intelectual, que hacía poco que había venido de Alemania. Un día llegan los cien socios fundadores y dicen que "rojos, fuera". Entre ellos estaba Luis Sanz, casado con una prima mía, Trini. Luis, de los excombatientes, muy fascista pero con el que hablaba mucho de política, me dice: "Apártate de ahí, ¿no ves que estás echando una mano al PC?". "Bueno, quiero más estar cerca de los comunistas, aunque no me gusten mucho, que de los fascistas". Nos echaron del Ateneo, y Rúa, con grandes ideas, anarquista a tope, nos dijo que podíamos crear nuestro propio grupo de teatro, "Gesto", y al mismo tiempo nos monta la Academia Obrera de la calle de Cura Sama. Montó también CRAS, Comunas Revolucionarias de Acción Socialista».

l El empuje de Areces. «Sale lo de "Gesto" y aparece Tini Areces para hacer teatro y después lo llevamos a la Academia Obrera, a darnos clase de matemáticas. Conocí a Tini desde que él era un chavalín en el PC, y desde entonces vi su empuje. Pensé en él años después, a mediados de los ochenta, cuando José Manuel Palacio era alcalde de Gijón por el PSOE y vi que no tenía ya arranque y que estaba atascado. Había que buscar a alguien de rompe y rasga, y ése era Areces. Algunas veces tenías que tirar de él para atrás. Una vez le dije: "Oye, Tini, tú vas a una manifestación con la pancarta y cuando te das cuenta vas tú solo y la manifestación queda atrás". Pero en aquel momento, como había que hacer cosas de envergadura, le buscamos e hizo lo que había que hacer. Hablando con Francisco Villaverde le dije que había que buscar a Tini, a ver si éramos capaces de traerlo. Villaverde habló con él y otro día que venía de Madrid lo esperé en la estación: "Oye, ¿habló Villaverde contigo? Queremos proponerte para encabezar la lista". Él había dejado el PC hacía muchos años y me respondió: "Tú ya sabes que yo voto al PSOE, pero, hombre, tuve unos debates muy fuertes con los socialistas y ataqué mucho al partido". "Pero no tiene nada que ver; en la Alcaldía necesitamos una persona como tú". "Ya lo pensaré", me contestó. Después lo planteamos en la FSA y hubo una parte de gente, entre ellos José Ángel Villa, que se opusieron rotundamente y el argumento fue que era meter a un comunista».

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