Gijón, J. MORÁN
Marcelo García, histórico militante socialista de 80 años, concluye estas «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA con un recorrido por su etapa en la lucha antifranquista y el renacimiento del PSOE en España.
l Una paliza con látigo. «Empecé a trabajar en La Camocha y me presenté a las elecciones del sindicato vertical. Era 1957 y salimos elegidos dos socialistas, Vallejo y otro de Granda; seis comunistas; un católico, Pastrana; Pedro Galache, arropado por los comunistas, y yo, que todavía no estaba afiliado. Montamos una primera huelga porque la mina te quitaba la casa si te jubilabas o caías en larga enfermedad. En el 58 hubo otra huelga dura porque unos picadores de la mejor rampa que había ganaban poco. La Guardia Civil me llevó al cuartel central de Los Campos y me dicen que Inguanzo, "el Paisano", del Partido Comunista, me había encargado encabezar la agitación en La Camocha. Dije que no era cierto. "Hay un rampa en la que están mal pagados; no tengo más política". Bajó el cabo y me dio una paliza con un látigo y me dejó sin conocimiento. Y lo mismo los cuatro días siguientes. Me negaba a firmar porque si firmo aquello meto a Inguanzo en la cárcel. Iba mi familia a preguntar por mí y les decían que yo no estaba allí. A los quince días, dos de la Brigada Político Social, Recaredo y Morán, fueron a buscarme al cuartel y me llevaron a la Comisaría de la calle de Cabrales. Recaredo me dice: "Hola, Marcelino, ¿cómo va la vida?". "Jodido, mira mi espalda". La tenía en carne viva. Dice él: "¡Qué criminales, qué asesinos estos de la Guardia Civil!". "Sí, pero aquí también dais palizas; acabo de ver a dos compañeros, Somontes y Espina, después de la paliza". "Ah, sí, hombre, claro, pero es que a los que son tan burros hay que darles para que anden; pero no, qué va, nosotros de la gente hacemos amigos". Me dijo que yo no estaba comprometido y me dejó en libertad».
l Boda antes de la cárcel. «Entonces decidí meterme al Partido Socialista, no con los paisanos mayores, que estaban a su aire, sino con unos más jóvenes que eran de Laviana, y uno era primo de Emilio Barbón. Otro de los conflictos que hubo entonces fue protestar por lo que se estaba haciendo en el barrio de La Arena. Había un plan de ordenación, de Valentín Gamazo, que limitaba las alturas y las alineaciones, pero estaban marcadas siete plantas y levantaban 14. La protesta la hicimos en el grupo de García Rúa y lanzamos octavillas avisando del daño que se estaba haciendo a Gijón. Por culpa de aquello me cogieron un día y me llevaron a la Comisaría y leña, tres o cuatro días. Al cabo de un tiempo vi que me buscaba Fernández, el policía de la Político Social que mató a su mujer y al amante, un médico, cuando los sorprendió en un coche en el parque de Isabel la Católica. Yo ya cortejaba con Encarna Vega y me guardé en casa de una clienta suya. Estuve 15 días oculto. Pasó el tiempo y un día me ve Fernández por la calle: "Oye, anduve buscándote y salvaste, porque teníamos orden de darte una paliza". En 1965 se nos metió un confidente que venía con el nombre de Andrés y caímos 18 o 20. Nos llevaron al Tribunal de Orden Público, me metieron una condena de 20 meses y eché 13 meses en la prisión de El Coto. Antes, durante la prisión preventiva, Encarna no podía visitarme porque no constaba como familia y no le dejaban pasar a verme. Salgo de la preventiva, tres meses, y cuando tenía que ir a cumplir la condena me casé con ella. Fui al cura de San Lorenzo porque en el Juzgado no admitían la boda mientras no estuviera casado por la Iglesia. Nos casamos a las ocho de la mañana».
l Tres chavales andaluces. «Cuando salí de prisión, a finales del 68, trabajé exclusivamente para recuperar la organización. Encarna era peluquera y yo hacía algún chollo de pintor, aunque en el 67 había tenido un accidente bastante jodido en La Camocha, con tres vértebras lesionadas y pinzamiento, la tibia y el peroné con un tornillo, y una rodilla fastidiada. A finales del 68, Agustín González va por el PSOE de Asturias a un comité nacional en Bayona. Llopis no le deja entrar porque dice que no es el representante estatutario, y también echa a tres chavales de Andalucía. Agustín y los andaluces fueron a una cafetería a tomar algo y empiezan a relacionarse. Vuelve a Asturias y dice que hay que invitarlos. Eran Alfonso Guerra, Luis Yáñez y Felipe González. Recolectamos 9.000 pesetas y se las mandamos para el viaje. En el 69 vinieron a Tarna, donde hacíamos dos o tres excursiones al año porque fue un lugar de resistencia en la Guerra Civil. Luego vinieron a Gijón: Alfonso, a mi casa, y Felipe, a la de Agustín, que era el líder nuestro en ese momento. Yo era un ayudante suyo y andábamos siempre juntos.
»Nos pusimos de acuerdo y en el congreso del 68 pedimos que hubiera dirección del partido en España, porque el PC nos estaba comiendo el terreno. Los socialistas vascos no nos apoyaron, pero en el congreso del 70 logramos una comisión ejecutiva compartida, con la mitad más uno en España. Estábamos Agustín y yo, y también Enrique Mújica; Lalo López Arbizu, el padre de Patxi López, y Nicolás Redondo. En el 72 tocaba convocar congreso para agosto y Llopis no lo convoca. Cogimos a los chavales que había en Toulouse, Garnacho, Simón, Martínez Cobos, Carmen García Bloise; María Luisa, viuda de un fío de Belarmino Tomás, y rompieron la cerradura de la oficina de Llopis y convocamos el congreso. Llopis no fue y el partido quedó roto, pero Felipe fue a Bruselas a hablar con la Internacional y trató con Olof Palme y Willy Brandt. Nos reconocieron a nosotros. Cuando llega el año 74 no teníamos secretario general, porque Redondo era secretario político y Felipe, secretario de política sindical. Los asturianos llamamos a Felipe y dice que no. Vino a Tarna, intentamos convencerlo y nada. Vinimos a cenar al Mecheru, a Gijón, y machacando con él dice al final que "bueno, hacer lo que queráis". Llega el congreso en Toulouse y la delegación asturiana la encabeza Aladino Cordero. Los vascos y los madrileños, que estaban contra Felipe, presentan a Redondo. Estaban muy igualados, pero el último día a última hora llega el mensaje de que Nicolás se había retirado».
l Por la puerta grande. «Yo había hablado varias veces con Pedro de Silva, que había creado la Democracia Socialista Asturiana (DSA). Eran Paco Prendes, Paz Felgueroso, Marcelo y Alfredo Liñero, que era la mejor persona que podías encontrar. "Oye, Pedro, históricamente el movimiento obrero necesita del intelectual burgués; sois la pequeña burguesía, progresista, intelectual y un partido obrero os necesita y yo os pido que entréis con nosotros". "No, es un partido muerto; ya murió en la historia", me respondió Pedro. Luego fuimos Emilio Barbón y yo a hablar con Tierno y nos dijo: "El PSOE murió en la Guerra Civil y hay que ponerle una lápida". Lo daban por muerto, pero los sevillanos, Felipe y Alfonso, sacaron el partido hacia arriba. Alfonso estableció un sistema bastante vertical organizativo, algo parecido al leninismo o estalinismo, con el que yo nunca estuve muy de acuerdo, pero que fue eficaz en su momento. Después de muerto Franco hubo una afiliación enorme de chavales, hijos de represaliados. En el congreso del 76 todos los chavales empezaron a bailar encima de las mesas gritando "Socialismo es libertad". Fue un apogeo. Pero después pasaba que nombraban comités que duraban tres meses. Había cachondeo y no sentido orgánico, y entonces entró Alfonso y los disciplinó a todos. Cuando Felipe empieza a tener buenos resultados electorales, vienen todos a ponerse de rodillas para entrar. Y entraron por la puerta grande: los de Tierno, por ejemplo. Los de Asturias entraron por arriba: Pedro, al Parlamento; Paco Prendes, con Rafael Fernández, a la Junta, y Paz con cargos importantes. Hay que reconocer que es gente que vale. Yo admiro a Pedro, aunque lo critiqué porque nunca tuvo muy buena relación con Felipe. Pero Pedro de Silva es una persona correcta y buena; además, como gestor no fue malo, y fue muy respetuoso con el dinero, con el gasto».