PEDRO DE SILVA
Antes o después llega la hora de pasar por el confesionario del banco. Entra uno con gesto humilde, se pone ante el confesor, le va contando su vida, los errores cometidos, el propósito de enmienda y, con algo de suerte, obtiene la absolución del jefe de riesgos, siempre con una dura penitencia. Si no hay absolución, se va uno derecho al infierno, y le embargan. Así son las cosas también con los países, y por eso Salgado y Campa han ido a confesarse a la City, que en Europa sigue siendo la catedral del dinero. Por aquí dentro podemos echar cantares patrióticos más o menos tabernarios, hablando de conjuras especulativas (que sin duda existen), pero para seguir echando gorgoritos sublimes en el coro hay que confesarse. Absoluciones y excomuniones se publican en el «Financial Times», que viene a ser «L'Osservatore Romano» de la iglesia que de veras cuenta, fuera de la cual no hay salvación.