Llanes avanza y señala caminos al resto de las villas asturianas, con aciertos y errores, como todo el que abre nuevas vías. Deberá seguir en la brecha, ordenando el crecimiento urbano, sin frenos innecesarios pero sin perder calidad. En escenarios de dinamismo, tan escasos en Asturias, no caben posturas conservadoras. Hay que alimentar el cambio y guiarlo, ordenarlo en la dirección de designios que busquen el interés general para los territorios en juego, sin detener ni obstaculizar irracionalmente el proceso. El tiempo no se detiene y, en buena medida, Llanes muestra en su recorrido las claves de futuro de las villas asturianas.