PEDRO DE SILVA
El secreto del champán, o el cava, son sus burbujas, unas almitas que suben sin cesar por la escala de Jacob del néctar. Echarlas al estómago, pasando por la boca, tiene algo espiritual. La economía funciona también así, con burbujas que suben deprisa, y se rompen al llegar arriba. Sin burbujas, en realidad, no hay economía capitalista, igual que sin champán no hay fiesta. La burbujas existen también en el brebaje del poder, y llevan dentro los gases de la burbujeante opinión pública. La «revolución naranja» de Ucrania fue una enorme burbuja de entusiasmo popular, pero el motor de un Gobierno no funciona con esos gases, que aunque animan la fiesta no tienen fuerza para mover los pistones. Yulia Timoshenko no ha apeado su blanco vestido de domingo, ni, en la testa, su tocado de fiesta rural, con ínfulas de corona, pero la semana tiene siete días, y una burbuja no sobrevive al primer lunes.