Oviedo, Luján PALACIOS
El fenómeno de la inmigración lleva frecuentemente asociado complejas historias de vida, que acaban en un lugar muy lejano del punto en que partieron y que en muchas ocasiones intentan volver al lugar de origen.
Es el caso de Lyudmyla Aleyeksyeyevets, una mujer ucraniana que, en plena madurez, se vio forzada a salir de su país en busca de mejores oportunidades de vida. Lyudmyla es una de las inmigrantes a las que presta apoyo la Cruz Roja en Oviedo, después de que llegara a Asturias hace unas semanas.
Madre y viuda, a los 55 años tuvo que dejarlo todo y lanzarse a la aventura en España, un país en el que entonces había trabajo y al que ya se había trasladado algún compatriota suyo. Tras la muerte de su marido y con una compleja situación en Ucrania, a Lyudmyla no le quedó mejor opción que ponerse a buscar un empleo mejor remunerado que en su país. De eso hace ya siete años y medio, y desde entonces resiste como puede, especialmente con la llegada de la crisis.
Su primer destino fue, como ella misma relata, Andalucía. «Allí estuve casi todo el tiempo trabajando siempre como interna con una familia». Nada más llegar al país, «me indicaron en Cruz Roja, y lo primero que hice fue empadronarme en el Ayuntamiento para conseguir la tarjeta sanitaria».
Después de eso, permaneció trabajando en situación irregular durante dos años, hasta que, con la ayuda de la familia para la que trabajaba, pudo tramitar los papeles para vivir y trabajar en España. «Para mí fue muy importante poder ir al médico si me ponía enferma», resalta Lyudmyla, que afirma no haberse encontrado con demasiadas dificultades a la hora de encontrar un empleo y de poder vivir sin miedo a ser descubierta, quizá por el hecho de estar interna en una casa.
Cuando el trabajo comenzó a escasear en el Sur, decidió desplazarse hasta Asturias, para buscar un empleo como doméstica. Ya conocía a una familia ucraniana en Asturias, con la que reside hasta que le salga un trabajo, y nada más llegar acudió a Cruz Roja para que la asesorasen en la búsqueda. De este modo, ha entrado a formar parte de la lista de demandantes de trabajo, y ya está a la espera de hacer alguna entrevista. Con 62 años, espera aguantar el tirón de la crisis de la mejor manera posible, para, cuando cumpla la edad, jubilarse y regresar a su país. Allí la esperan dos hijos en una situación «mucho peor que la de España». Por eso, «las dificultades merecen la pena».