EN DIRECTO
Lne.es » Asturias
 Noticia anterior   Noticia siguiente 

Chile, conjura ortográfica y sísmica

Crónica en primera persona de una noche de angustia inolvidable para un asturiano de Bimenes l Cuando el país tembló coincidiendo con el V Congreso de la Lengua Española

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
Chile, conjura ortográfica y sísmica
Chile, conjura ortográfica y sísmica  
 MULTIMEDIA

SALVADOR GUTIÉRREZ ORDÓÑEZ MIEMBRO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA La cóncava nave de aquel enorme Airbus navegaba, serena y majestuosa, ya por el cielo americano. Atrás quedaban la noche y el largo océano Atlántico. Había atravesado paralelos y meridianos, de imaginarias líneas, y ahora avanzaba bajo un cielo de intenso azul y sobre una ilimitada extensión de nubes algodonosas cuando, como en una aparición, surgieron los Andes. La visión de la cordillera borró la somnolencia de los viajeros. A través de los ojos de buey de una aeronave que volaba a miles de pies veíamos cercana una interminable cadena de montañas de color ferruginoso, castigadas por la dura erosión de los meteoros, habitadas por la soledad y por el silencio. En esas alturas no se veía ni una brizna de hierba y resultaba imposible imaginar el menor atisbo de vida. El viajero se pregunta cómo podrían mantenerse de pie semejantes colosos sobre unas frágiles placas tectónicas que, de vez en cuando, acomodan la carga sobre sus espaldas en movimientos que son percibidos por el hombre como seísmos.

En tierra nos esperaba un país moderno, con una democracia consolidada tras un traumático paréntesis, con una economía que emerge sólida en un entorno inestable. Un país que extendía sus brazos para dar cobijo en un abrazo de fraternidad hispánica al V Congreso de la Lengua Española. En los días previos al congreso una comisión de la Asociación de Academias de la Lengua Española se reunía en Santiago de Chile para debatir sobre el borrador de los primeros capítulos de la nueva Ortografía de la lengua española. El lugar de encuentro ofrecía un magnetismo simbólico. Chile había sido el escenario de las disputas y de las propuestas de renovación ortográfica realizadas en el siglo XIX por Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento, propuestas que abocaron a un cisma que duró más ochenta años. En Santiago de Chile, precisamente en el salón de la llamada «Casa Bello», se había presentado la Ortografía de la lengua española de 1999, la primera que salió a la luz con el sello del panhispanismo. Desde Chile surgieron las primeras propuestas de elaboración de una nueva ortografía minuciosa, exhaustiva, razonada, de bases científicas. Y, por supuesto, una ortografía nacida desde la unidad y para la unidad de la lengua.

En una genial intuición, el actual presidente de la Academia Chilena de la Lengua Española, don Alfredo Matus Olivier, había definido a Chile con dos pinceladas significativas: «Un país de grandes catástrofes y de reformas ortográficas». Cuando, tras la fraternal cena de recepción, nos deseábamos un buen descanso para iniciar con brío al día siguiente los trabajos sobre los primeros capítulos de la obra académica, no podíamos imaginar que horas después se habrían de conjurar los demonios ortográficos y sísmicos para programar una noche de una angustia inolvidable.

Me hallaba hospedado en una hermosa habitación situada en la decimosexta planta del hotel, con un inmenso ventanal desde el que se podía contemplar una hermosa vista panorámica de Santiago. Tenía un número de resonancias cervantinas (1605). Hacia las tres y media de la mañana sentí moverse con insistencia la puerta. En los primeros instantes creí que se trataba de algún huésped del hotel que, castigado por la noche, se había confundido de habitación. Apenas había pronunciado «¡señor, que está usted confundido!» advertí que se trataba de un terremoto. Se iniciaban los momentos más angustiosos de mi vida. Una eterna sucesión de segundos que se alargaban paralelos a la sensación de un final inevitable. La torre del hotel se movía como la copa de un álamo azotado por un vendaval, al tiempo que todo crujía, que el suelo vibraba y que la cabeza se hallaba dominada por una fuerte sensación de mareo y desequilibrio. El temor de una catástrofe se hacía evidencia. No habría edificio en el mundo que pudiera soportar aquellas sacudidas, tamaños desplazamientos, tanta vibración.

Sentí el miedo inevitable de que todo se acababa para mí. En un repaso casi instantáneo, el análisis coincidió con los realizados en otros momentos de serenidad. A pesar de los momentos duros y de los sacrificios, la vida había sido muy generosa conmigo en todos los ámbitos: en lo personal, en lo familiar, en lo profesional, en amigos... El dolor y el miedo se concentraron en dos polos obsesivos: la separación de las personas que más he querido y que más me han querido, así como la forma en que presentía la muerte. Miedo intenso y cruel.

Después de mucho, de muchísimo tiempo (ciento sesenta segundos en la antesala de la nada son una eternidad), el ruido sordo y las vibraciones fueron cediendo. Las oscilaciones de la torre continuaban, pero cada vez más amortiguadas. Apoyado sobre el marco de la puerta sentí doloridos todos los músculos al tiempo que todo el cuerpo se volvía mantequilla. Tumbado boca abajo en la cama, percibía e imaginaba todo lo que pasaba fuera: sentí el clamor de las ambulancias, los ladridos angustiados de los perros? Ayudado por la luz del móvil pude comprobar que en la habitación todo (lámparas, cajones, maletas, libros?) había hallado acomodo por el suelo. Pero el mal sueño se había acabado. ¡Se había acabado!

El vestíbulo del hotel era fiel reflejo de las escenas de pánico vividas. Muchas personas habían salido de sus habitaciones en pijama o en albornoz o con una indumentaria de urgencia. Tan grande fue el miedo experimentado que algunos huéspedes no volvieron a dormir en sus habitaciones. Por las noches los pasillos cercanos a la salida se convertían en un dormitorio de campaña. Un académico nicaragüense que había salvado su vida por dos veces en el terrible terremoto de Managua no pudo conciliar un minuto de sueño hasta días más tarde.

Todas las comunicaciones estaban cortadas, pero, como en las noches de grandes incertidumbres, la radio se convirtió en compañera y canal de contacto con el mundo. Conocimos el lugar del epicentro, la magnitud del seísmo, los primeros destrozos, la amenaza y peligro de tsunami, las primeras víctimas? Las noticias que nos llegaban sobre la magnitud de la catástrofe hicieron que nos sintiéramos unos afortunados en medio de tanta desgracia.

Por eso decidimos iniciar las reuniones de la comisión esa misma mañana. Trabajamos intensamente en sesiones de mañana y de tarde («magnis itineribus», en grandes jornadas, como dirían los clásicos). Al final, quedaron aprobadas las líneas generales, las cuestiones más espinosas y los tres primeros capítulos de la nueva obra académica. Los que hemos participado en estas sesiones siempre recordaremos la generosidad de los académicos chilenos Alfredo Matus y Andrés Gallardo, quienes, dejando a un lado difíciles situaciones personales, se sentaron a la mesa de trabajo para acompañarnos y para sacar adelante este proyecto. Cuando en medio de la noche cruzábamos los Andes sentíamos que la nueva Ortografía académica quedaría ligada para siempre a la terrible catástrofe chilena. Dentro de nuestro pasaje anímico viajaban algunas vivencias que ni el tiempo logrará borrar.

COMPARTIR
 
  HEMEROTECA

HACE 25 Y 50 AÑOS

Portadas La Nueva España

Portadas de La Nueva España

Las portadas de hoy de La Nueva España hace 25 y 50 años

      CONÓZCANOS:   CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES      PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR   
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad