Oviedo, R. L. MURIAS
Los yanquis ya lo huelen. El cabrales, el queso más famoso del Principado ha conseguido meterse en la cocina de los estadounidenses gracias al trabajo de Michele Buster, una distribuidora de alimentos españoles en Estados Unidos que no come cabrales pero que lo vende divinamente. Michele Buster, que se confiesa una enamorada de España y de su gastronomía, lleva años tratando de introducir el queso español en los platos de EE UU. Ahora que ya lo ha conseguido explica que los inicios no fueron fáciles. «¿Cómo decirles que empezasen a servir aquel queso con olor... a pies?», se pregunta con gracia. «Tenía que suplicarles», apostilla.
Relata Buster (Filadelfia, 1964) que en Estados Unidos el queso no forma parte de la dieta diaria, al menos hasta que ella comenzó a «llenarlo todo de queso, hace ya 15 años», explica. «Sólo se tomaban algunos quesos muy suaves, pero nada que ver con los que se fabrican en Asturias. Solían ser quesos de untar».
Ella sabía que en el Principado había lácteos de calidad y por eso fue consiguiendo que los estadounidenses fuesen adaptando su paladar a los sabores de los quesos asturianos. «Comencé llevando queso Monje Picón, que también era azul aunque un poco más suave que el cabrales. Además, les hace mucha gracia que se lleve envuelto en hojas», explica. Después apostó fuerte por el cabrales, el afuega'l pitu, La Peral, el queso Cueva de Llonín y el de los Beyos. «Hoy se pueden degustar estos quesos en muchos restaurantes de Estados Unidos, en todos los estados, y también comprarse en establecimientos y mercados», dice orgullosa Buster.
Esta comercializadora de alimentos españoles concreta que en Estados Unidos comienza ahora a ponerse de moda «servir un plato de queso», pero hasta hace pocos años era algo impensable. Ha dado a conocer los quesos, pero también la región donde se producen. Cuenta Buster que «hay mucha gente que prueba los quesos y quiere venir a Asturias para hacer turismo gastronómico, ver cómo se elaboran y dónde se curan. Yo les digo que la "green Spain" merece la pena».
Michele Buster no lleva un cabrales cualquiera. Sabe lo que quieren sus clientes estadounidenses. «Lo que sí que hago es llevar piezas de cabrales que sean un poco más tiesas de las que se consumen aquí, porque en Estados Unidos no lo untan y prefieren que el lácteo tenga más consistencia», afirma la distribuidora, que se surte de mercancía desde Coasa, una de las empresas pioneras en Asturias de la distribución y venta de productos asturianos de calidad. Michele Buster también ha encontrado hueco en el mercado yanqui para la miel de Pola de Lena, y su idea es ir ampliando el número de productos. «En realidad, la gente es reacia al principio, pero les ocurre como a mí, que cuando comí estos quesos por primera vez me quedé enganchada», dice Buster, enganchada a todos los quesos menos al cabrales.