PEDRO DE SILVA
Incluso la imagen de la orquesta tocando en el «Titanic», con el suelo ya inclinado por la escora del barco, tiene belleza y dignidad. En cambio, la imagen de los tripulantes peleándose mientras el banco se va a pique resulta horrenda. Sin embargo, estas cosas sólo se ven desde fuera, y los que se pelean entre sí pueden creer que están cargados de razón, que la culpa de todo está en el contrario y que la gente lo ve así. Error fatal: la gente sólo ve una maraña de brazos y piernas de la tripulación mientras el barco se hunde. Esto ocurre ahora en España, y los dirigentes políticos no acaban de enterarse. Hay momentos en que resulta necesario estar a la altura, y demostrar de veras que se ama al país, o a la patria, o a la gente, da igual cómo queramos llamar al territorio y lo que hay encima de él. España saldrá adelante, seguro, pero la llamada clase política puede quedar tocada para siempre.