VICENTE MONTES
«La mocina ta llorando», dice una mujer. Se refiere a Ángela Llende, concejala socialista sierense sancionada por su partido. La muchacha no puede reprimir las lágrimas cuando afiliados afines al SOMA, muchos de ellos «patas negras» del socialismo sierense, reciben con vítores a los cuatro concejales que han plantado cara a las direcciones local y regional. A otro de esos cuatro, Herminio Llamedo -que ha optado por convertirse en tránsfuga- alguien le coge la mano y se la alza con el puño cerrado. A unos veinte metros, Octavio Serrano, secretario de organización del PSOE sierense, apura el cigarrillo y mira de reojo. «¡Traidor!», le espeta alguien. Serrano es uno de los clásicos: fue villista con Manuel Villa y corralista con Juan José Corrales. Ahora es «cepista», si es que llega a tener alguna continuidad la carrera política de Ángel García «Cepi», ex teniente de alcalde con Corrales y frustrado aspirante a sustituirlo.
El PSOE sierense debería pasar a los manuales de política por haber aplicado una de las fórmulas más estrambóticas para autodestruirse. Casi como un comando suicida, todos los concejales socialistas se han inmolado. Los disidentes, por dejar el partido y pasar al grupo de No Adscritos; los expedientados, arrollados por la apabullante inflexibilidad de la dirección regional del partido, y los fieles a la dirección local, por protagonizar la surrealista escena de que concejales del PSOE votasen en blanco dejando expedito el camino a un gobierno del Partido Popular.
Pero mientras que en el PSOE lo tradicional es que las familias se acuchillen hasta desangrarse, en el PP lo que se estila es el personalismo. Será precisamente ese feo vicio el que deba evitar ahora el nuevo alcalde, José Antonio Noval, que toma el bastón de mando poco después de batirse en un congreso local en el que logró la victoria por un puñado de votos. Cinco de los concejales de su ahora equipo de gobierno estaban en la otra lista.
Con el reto de preservar esa unidad, el PP sierense vuelve al poder tras más de una década. Noval, profesor de Literatura, inició su carrera en el Ayuntamiento echando cuentas como concejal de Hacienda en el gobierno de José Aurelio Álvarez. Ahora tendrá poco más de un año para consolidar este «regalo», fruto de una infausta noche de Comadres en la que el Alcalde se pasó de copas y pintaron bastos.
El Ayuntamiento sierense es un galimatías de siglas y ex. Juan Camino, portavoz del PINSI (Partido Independiente de Siero), ex socialista, gobernó en su día bajo las órdenes de Corrales y codo con codo con Octavio Serrano. Ahora, ha trasladado su voto al PP. Otro tanto ha hecho la Plataforma Vecinal de La Fresneda. Rafael Rodríguez, portavoz de Conceyu, puso ayer la nota ya kafkiana a una sesión plenaria ya surrealista: anunció que no sería candidato a Alcalde, pero se votó a sí mismo. Voto nulo, claro.
Tanto colorido es un síntoma. El que durante años fue considerado el concejo más pujante de Asturias sufre de un problema que, a la larga, puede resultar grave. Por incapacidad de los grandes partidos para aglutinar sensibilidades, el Pleno municipal se fragmenta: es una suerte de balcanización peligrosa, que salpica el hemiciclo de pequeños partidos que defienden intereses muy específicos.
Siero cierra una de sus páginas recientes más vergonzosas con un Pleno con mucha, mucha Policía. Agentes antidisturbios flanqueaban el edificio: los policías locales controlaban el interior del Consistorio, y otros tantos agentes, ya como ciudadanos, seguían la sesión desde una sala anexa en la que se aplaudió a rabiar a Julio Carretero. El ex alcalde socialista Manuel Villa sabía que los agentes locales son fundamentales para un Alcalde. Y cuando un gobierno empieza a perder a los funcionarios, la cosa se tambalea. Fueron los trabajadores municipales, dicen, los que con más rapidez difundieron el accidente de Corrales para evitar que nadie echase tierra sobre el asunto.
Quedan aún algunas incógnitas por aclarar este feo proceso que ha desplomado la imagen pública de los políticos sierenses y ha disparado el cabreo ciudadano. Por ejemplo, por qué el empeño en que fuera Ángel García «Cepi» el sucesor de Corrales en vez del natural número dos de la lista del PSOE, Julio Carretero. ¿Fue quizás una última exigencia del infortunado alcalde para aceptar presentar su dimisión? ¿Por qué?
«Puedes imaginar a qué sabe la mermelada de fresa, pero no lo sabes hasta que la pruebas», le dijo «Cepi» a Noval en cuanto este se sentó en el sillón de la Alcaldía. Pero la gestión de lo público no es una degustación de cocina, por mucho que los partidos hagan su trabajo en los fogones. El riesgo es, como ha ocurrido en este ocasión, que el plato acabe chamuscado.