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El regidor popular, que llega a la Alcaldía «pleno de responsabilidad e ilusión», se marcó como principal objetivo «recuperar la normalidad institucional en el Ayuntamiento», algo en lo que coincidió con todos los portavoces municipales. Sin embargo, en su primera intervención ante la Corporación, dejó claro que no se limitará a dejar pasar el tiempo hasta las elecciones de mayo de 2011, por mucho que su campo de maniobra vaya a estar limitado por un gobierno en minoría. De mano, aseguró que su primera actuación será la construcción de unas nuevas dependencias para la Policía Local y que, además, pretende impulsar obras de saneamiento en el medio rural, crear suelo industrial y afrontar la reforma integral de Lamuño.
En principio, el PP podrá gobernar hasta las próximas elecciones con el apoyo puntual del PINSI y de la Plataforma Vecinal de La Fresneda, cuyo portavoz y único concejal, José Carlos García de Castro, reconoció que su primera opción fue respaldar al PSOE, pero que la crisis interna en el seno de los socialistas le hizo cambiar de opinión. Juan Camino, que, de igual modo, había mostrado una predilección inicial por mantener al PSOE en la Alcaldía, también achacó al cisma su decisión de votar al candidato del PP. No obstante, el líder del PINSI aseguró que su grupo continuará siendo oposición y que no entrará a formar parte del gobierno popular. Las restantes formaciones se mostraron abiertas al diálogo, pero las posibilidades de que se entiendan con el PP de Noval son prácticamente nulas.
Aunque se vivieron algunos momentos de cierta tensión, el Pleno se desarrolló sin incidentes y sin apenas reproches entre unos concejales que hicieron votos por recuperar la normalidad cuanto antes. Los momentos más desagradables se vivieron al final de la sesión, cuando medio centenar de personas afines a Carretero que permanecían en la plaza del Ayuntamiento profirieron insultos y descalificaciones contra algunos ediles, entre ellos Camino, Octavio Serrano y Cepi García. Los ediles díscolos fueron recibidos como héroes, hasta el punto de que alguno no pudo reprimir las lágrimas.
Mientras tanto, dentro del Consistorio, José Antonio Noval recibía un aluvión de felicitaciones. Era su gran día después de once años de travesía opositora.