Pola de Siero, F. TORRE
«¡Tenemos Papa!», gritaba un vecino de la Pola en los aledaños de la Casa de Cultura. Eran casi las once y media de la mañana, del día 28 d. C. (después de Corrales), cuando José Antonio Noval blandió el bastón de mando del Ayuntamiento de Siero. Mientras el sierense proclamaba la noticia por las calles de la capital, en la plaza del Ayuntamiento una salva de petardos hacía el papel de «fumata blanca» en la elección del alcalde. Cuando finalizó el Pleno, poco después de las doce y media, había casi un centenar de personas concentradas en la plaza, esperando la salida de los ediles. El primero en abandonar el edificio fue José Carlos García de Castro, de La Fresneda, al que algunos asistentes recibieron a gritos para recriminarle su apoyo final a los populares. Acto seguido salieron los socialistas Octavio Serrano y Mari Luz Quince, a quienes recriminaron su rechazo a votar al cabeza del PSOE.
No obstante, el momento más emotivo de la mañana se vivió con la salida de los cuatro concejales «rebeldes»: los «expulsados» Julio Carretero y Ángela Llende, y los «dimisionarios» Yoya Álvarez y Herminio Llamedo. Los ediles próximos al SOMA fueron recibidos con una salva de aplausos y decenas de personas se aproximaron para abrazarles. Ante el cariño popular, Llende no pudo evitar las lágrimas, enjugadas por una mujer que decía: «No llores, es una victoria».
Ese cariño se tornó en pitos a la salida de Ángel García, «Cepi», uno de los últimos en abandonar el Ayuntamiento. Muchos siguieron el Pleno, más tranquilos, en una pantalla instalada en la Casa de Cultura de la Pola.