Aboño / Oviedo,
L. GANCEDO / R. L. MURIAS
Reciclaje y quema de residuos en térmicas y cementeras. Éstas son las tres principales alternativas que podrían utilizarse para reducir el tamaño de la incineradora de Serín, previsto en 450.000 toneladas. De todas formas, las posibilidades son escasas, las tres vías de forma conjunta sólo permitirían reducir la capacidad del horno en unas 30.000 toneladas. Estas cifras son las que hacen tener muy claro al Gobierno socialista del Principado, frente a la oposición de sus socios de IU, que la incineradora es el único futuro posible para deshacerse del millón de toneladas de basura que anualmente genera la región. Además, recuerdan, todo debe funcionar antes de que se llene el vertedero de Cogersa, en 2015.
En cuanto a la quema de residuos, Asturias cuenta con el ejemplo de la cementera de Aboño. Sobre la segunda opción, la de las térmicas, hay más dudas, ya que hay estudios que aseguran que quemar determinados residuos en estas centrales es viable, pero no rentable debido a las costosas inversiones que habría que hacer para cumplir con la normativa medioambiental. Aunque en Cataluña hay ya hasta cinco plantas que utilizan lodos de depuradora como combustible. En el caso de las cementeras, esta salida es rentable dado las bonificaciones que reciben por optar por soluciones más limpias. Las térmicas podrían seguir los pasos de las fábricas de cemento con bonificaciones, que en el caso asturiano podrían salir de la inversión que se ahorraría al hacer una incineradora más pequeña. La planteada ronda los 250 millones de euros.
Lo que está claro es que la mayoría de los países más industrializados de Europa utiliza desde hace décadas distintos tipos de residuos como combustibles alternativos para sus fábricas cementeras. La que el Grupo Masaveu tiene en Aboño empezó a hacerlo, de momento a escala modesta, en noviembre del pasado año. Desde entonces, uno de los cuatro hornos del complejo ubicado cerca del puerto de El Musel compagina el uso convencional de coque de petróleo con la combustión de neumáticos usados y restos de palés de madera. Y Tudela Veguín, S. A., sociedad titular de la fábrica, está en disposición de aumentar el uso de esos u otros residuos.
¿Pueden los hornos de las cementeras ser por sí mismos una alternativa al proyecto de la incineradora de Serín? Iván Menéndez, director de la fábrica de Aboño, aclara que el aprovechamiento como combustibles alternativos puede aliviar los problemas de gestión de los residuos, pero no aportar una solución general. Las cementeras europeas y algunas instalaciones españolas queman ciertos tipos de materiales -neumáticos, harinas y grasas animales, serrines, disolventes, aceites usados, plásticos, lodos de depuradoras, restos de la actividad forestal...-, aunque no la basura orgánica, que supone el grueso de los residuos que ahora se entierran en el vertedero de Cogersa.
La cementera está autorizada a quemar cada año unas 2.500 toneladas de neumáticos, cantidad equivalente al 30% de todos los que quedan fuera de uso en Asturias, y 10.000 toneladas de restos de madera. El mismo permiso habilitó a la fábrica a utilizar también glicerina como combustible. Este último es uno de los residuos que se generan durante la fabricación de biodiésel y la expectativa de que en el puerto de El Musel se instalarán dos fábricas de este carburante ecológico llevó a Tudela Veguín, S. A., a considerar su aprovechamiento, pero los proyectos de la dársena se vinieron abajo.
Por ahora, el Grupo Masaveu ha invertido dos millones de euros para adaptar al uso de residuos el mayor de los cuatro hornos de la factoría de Aboño, donde la caliza se convierte en «clinker», material de base al que se añaden distintos aditivos para elaborar el cemento. En ese horno y a temperaturas que superan los 1.200 grados centígrados, los restos de neumáticos y la madera sustituyen al coque de petróleo, combustible convencional y más caro que se importa de Estados Unidos. «Con la instalación actual se puede llegar a sustituir el 20% del combustible del horno», destaca Iván Menéndez. Y con nuevas reformas es técnicamente factible que esa proporción supere el 50%. No obstante, los límites de la autorización hasta ahora concedida por el Principado hacen que en apenas dos meses la cementera de Aboño agote el cupo de neumáticos y madera que tiene concedido.
Tudela Veguín, S. A., asegura su director general, Julio Peláez, está en posición de aumentar las cantidades de residuos que quema y de ensayar también el uso de otros tipos de materiales que ahora van a parar al vertedero de Serín. «Los límites de emisiones a la atmósfera son más exigentes que los normales y se genera menos CO2», subraya Peláez sobre el impacto ambiental del proceso. Y la compañía obtiene un ahorro. La factura energética, que supone el 30% de los costes de fabricación del cemento, se abarata con los combustibles alternativos. Es una práctica generalizada en Europa. Holanda es el país más avanzado y sus cementeras han sustituido el 83% del combustible convencional por los residuos. En países como Alemania y Francia, se supera el 30%. En España, la «valorización energética» aportaba en 2005 sólo el 5% del combustible de las fábricas de cemento.
El Grupo Masaveu, que tiene un acuerdo semejante con Castilla y León para su fábrica de La Robla, quiere ampliar hasta donde sea técnica y ambientalmente viable la combustión de residuos. Tramita una autorización para ensayar con plásticos procedentes del desguace de vehículos -restos de salpicaderos y otros componentes- y mantiene contactos con Cogersa sobre el uso de lodos de depuradora. Asturias genera 30.000 toneladas al año de estos lodos que ahora son enterrados. Los hornos de las cementeras son una alternativa, si bien es preciso que los residuos reciban un tratamiento previo para reducir su grado de humedad. Más que por dificultades técnicas del gran horno de Aboño, capaz de producir 2.500 toneladas al día de cemento, el uso de combustibles alternativos está condicionado porque no es sencillo disponer de los residuos adecuados en cantidades suficientes.
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