Oviedo, J. A. ARDURA
La «crisis de la rotonda» de Siero también tiene su desvío sindical. La dimisión del alcalde Juan José Corrales a consecuencia de un accidente de tráfico y un positivo en alcoholemia y la pérdida del poder por parte del PSOE en el cuarto municipio de la región han sido las dos consecuencias más destacadas de esa crisis. Pero no las únicas. En distintos círculos del socialismo asturiano se da por hecho que UGT ha movilizado a buena parte de sus afiliados con el doble objetivo de que la inusual moción de confianza del pasado sábado no pasara factura ni a la ejecutiva local ni, sobre todo, a la dirección de la Federación Socialista Asturiana. Un episodio más en la larvada pugna entre los ugetistas y el sindicato minero SOMA para ganar o mantener influencia ante Javier Fernández.
Entre las filas socialistas pocos dudan de que en el amplio apoyo logrado por el sector oficial en Siero tuvo bastante que ver UGT. El sindicato habría hecho gala de su capacidad de movilización para votar en la moción de confianza sierense, aunque, eso sí, con mayor sutileza que en asambleas celebradas en otras agrupaciones de la región. Muchos recordaban ayer cómo UGT suele escenificar el carácter decisivo de sus votos, dejándose ver de forma notoria cuando acuden a las urnas, como en el caso de Oviedo y de las últimas votaciones que la agrupación municipal ovetense ha celebrado con el auditorio Príncipe Felipe como escenario. En Siero, sostienen, la presencia sindical fue más discreta. No en vano, uno de los protagonistas de la «crisis de la rotonda», el concejal Julio Carretero, es, a la vez, secretario general de UGT en la Unión Comarcal de Siero-Piloña. Carretero es afín al SOMA.
Pero Siero aparte, el SOMA ve con mucho recelo la aproximación paulatina y cada vez más evidente de UGT y de Eduardo Donaire, secretario general de la Federación de Metal, Construcción y afines (MCA-UGT), al líder de la FSA, Javier Fernández. Un acercamiento directamente proporcional al distanciamiento de éste con el sindicato minero. Incluso, no dudan en invocar que mientras Donaire y UGT apoyaron a Álvaro Álvarez en el congreso regional de 2000 el apoyo del SOMA resultó decisivo para aupar a Javier Fernández a la dirección regional. Pero aquella relación antaño estrecha entre Javier Fernández y José Ángel Fernández Villa empezó a deteriorarse justo desde aquel momento, apuntan veteranos del partido, que advierten de los riesgos de una excesiva identificación entre partido y sindicato. SOMA y UGT representan hoy modelos distintos de sindicalismo. En UGT predomina la estructura y empiezan a recoger los frutos de las afiliaciones promovidas en distintas agrupaciones, un arma importante ante posibles cambios de ciclo, mientras que el SOMA tiene como principal aval su peso en la minería.