Covadonga / Nava,
María TORAÑO /
Mariola MENÉNDEZ
«El que no estrena en Ramos es que su madre no tiene manos», dice el refrán. Así lo recordó ayer en Covadonga Pilar Galán, quien junto a buena parte de su familia cumplió la tradición de estrenar algo de ropa el domingo que se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén. «Antes la ropa se hacía en casa y lo normal era que las madres te cosiesen algo especial para ese día», explicó. Su padre, José Luis Galán, es de Avilés pero desde hace 36 años se encarga de cuidar los jardines de los alrededores de la basílica y de la cueva de la Santina. «El Domingo de Ramos, siempre en Covadonga y en familia», aseguró, a la vez que mostró orgulloso un enorme manojo de laureles en flor. Pilar Galán -otra de sus cinco hijos-, un yerno y cuatro de sus nueve nietos también los acompañaron y llevaron las palmas engalanadas con lazos a bendecir.
Otra que no se pierde nunca este día en el Real Sitio es Marta Coviella, de Cangas de Onís. «Nunca falto ni Ramos ni el día de la Santina», afirmó la canguesa, quien agregó que a este bendición suele acudir gente de otros puntos de Asturias porque los de la zona prefieren quedarse en la capilla de la Santa Cruz de la capital del concejo. Así lo confirmaron Pedro Quiroga, su mujer Oliva y su hija Olaya, que llegaron desde Siero exclusivamente para celebrar el Domingo de Ramos en la cuna de la Santina con unos cuantos miembros de su familia. Tras la bendición en la explanada de la basílica, a cargo del abad Juan Tuñón, todos los asistentes entraron al templo para asistir a la misa, en la que cantaron los niños de la Escolanía de Covadonga.
Fue un día más bien tranquilo en Covadonga, donde los fieles pudieron disfrutar de la jornada sin tener que soportar grandes atascos ni barullos de gente. El Real Sitio se prepara para afrontar la Semana Santa con gran actividad, tanto en la vertiente religiosa como en la turística.
Si en Covadonga destacaron los niños de la Escolanía en la bendición, en Nava fue la original procesión lo que concitó la atención de la gente. Jesús llegó a la villa naveta en borrico, rememorando así el momento de la entrada triunfal en Jerusalén, según narra la tradición cristiana.
El párroco naveto, Eduardo Solís, recordó, durante la bendición de los ramos en la plaza Manuel Uría, el pasaje bíblico del Evangelio según San Lucas, en el que se relata el encargo de Jesús a dos de sus discípulos de ir a por un «borrico atado, sobre el que nadie ha montado todavía». Les ordenó: «Soltadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, le decís que el Señor lo necesita y que en seguida lo devolverá». Y así hicieron.
Jesús fue recibido con alabanzas y su entrada a Jerusalén simboliza la llegada victoriosa del reino de los cielos. El Jesús naveto, a lomos de un asno y caracterizado con melena y barba, emuló la hazaña de hace dos mil años portando ropas similares a las de la época y entrando en la plaza Manuel Uría, donde fue recibido con las palmas y los ramos de laurel en alto. Gran cantidad de fieles abarrotaron la plaza, entre los que destacaron numerosos niños que agitaron sus palmas para recibir el agua bendita y darle la bienvenida a Jesús. Eso sí, lo hicieron vestidos con sus mejores galas, porque ya lo advierte el citado dicho popular.
La procesión en la soleada mañana recorrió las calles del centro de Nava hasta llegar al templo parroquial, el mismo destino de Cristo al entrar en Jerusalén.