PEDRO DE SILVA
La mano del destino se revela cuando las fuerzas y las personas movidas por ellas no pueden hacer otra cosa que lo que hacen, aunque sepan que precipitarán la tragedia. En la cuestión catalana empieza a notarse la mano del destino. Es patente que allí existe materia inflamable: una voluntad, tal vez mayoritaria, de avanzar hacia un destino propio, de signo nacional. Podría llamarse, si se quiere, destino manifiesto. Que el Tribunal Constitucional no puede hacer otra cosa que interpretar fielmente la Constitución y ello le lleva a un recorte mayor o menor del Estatut es otro destino inexorable. Que todo ello ocurrirá en momento de especial riesgo, como es cualquier episodio electoral, viene de los calendarios. Hay, pues, material explosivo, detonante y condiciones atmosféricas. Así las cosas, sólo queda confiar en que el seny, esa rara virtud, se imponga en Catalunya y en España.