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Libardón, la herencia del último juglar

Juan Miranda, nieto del legendario gaitero Ramón García Tuero, colabora en el proyecto del centro de interpretación que el Ayuntamiento prevé abrir en verano en honor del músico

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La casa de Ramón García Tuero en Libardón.
La casa de Ramón García Tuero en Libardón. 
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Libardón (Colunga) / Gijón,

Ignacio PULIDO

Los descendientes de Ramón García Tuero, «El Gaitero Libardón», han tenido clara una premisa desde que en 1951 falleciese su viuda María Caravera: «mantener unido todo el patrimonio que dejó tras de sí el músico a su muerte en 1932». Este deseo ha motivado a Juan Miranda, nieto y heredero de la casa de «Libardón», así como de su resto de enseres, a estudiar la figura de su abuelo y a convertirse en su biógrafo. Tal es así que cuando conoció el proyecto del Ayuntamiento colungués para construir un centro de interpretación en honor al artista en el núcleo de Libardón optó por colaborar brindando todo su conocimiento. A pesar de todo, sus deseos transcienden al plan municipal y no desecha la idea de convertir al domicilio familiar en una casa museo.

Desde finales del año pasado, Miranda colabora en el proyecto biográfico y expositivo del centro de interpretación del «Gaitero Libardón», instalaciones que el Ayuntamiento pretende abrir al público durante el próximo verano. «Mi abuela dejó claro su deseo de poner a disposición pública el patrimonio de su marido en un museo con las garantías legales, de conservación y de seguridad. Nuestra idea siempre fue que se hiciese en la casa familiar de "La Quintana", erigida en 1909», precisa Miranda.

El deseo familiar no se ha visto reflejado en el proyecto del Ayuntamiento, que ha decidido crear un centro de interpretación en las viejas escuelas de Libardón. «Puesto que el Consistorio decidió construir un centro sigo manteniendo ese deseo en arreglo a un museo en sentido estricto pero, al mismo tiempo, no podemos desaprovechar la oportunidad que brinda la subvención del Ayuntamiento y del Principado para difundir la figura del "Gaitero Libardón"», matiza Miranda.

En concreto, el legado del «Gaitero Libardón» está constituido por su casa, fotografías, documentos, correspondencia, discos, su gaita, su traje y otra suerte de enseres personales, como por ejemplo una medalla que le fue impuesta por el monarca Alfonso XIII. «La gaita tiene más de un siglo y es de madera de boj. Es curioso como los agujeros del puntero están gastados de tanto tocarla», subraya el nieto del músico. Y añade: «fue la única gaita que tuvo a lo largo de su carrera». Todo este patrimonio se encuentra fuera de Asturias por motivos de conservación.

El futuro centro de interpretación ofrecerá al visitante un recorrido a través de diversos aspectos de la vida del músico mediante el empleo de reproducciones. Su objetivo será dar a conocer de un modo ameno y agradable a la figura de Ramón García Tuero, un músico popular que alcanzó cotas de fama insospechadas para una época en la que Asturias mostraba dos caras bien distintas: la de un subdesarrollo secular y la del auge de la clase burguesa manifestada en los capitales indianos.

Su trayectoria musical se extiende a lo largo del último tercio del siglo XIX y el primero del XX. Nacido en Arroes (Villaviciosa) en 1864, Ramon García Tuero mostró aptitudes para la música desde muy pequeño, un don que con el paso de los años le llevó a cruzar cuatro veces el «charco», a ser parte de la delegación española en varias exposiciones mundiales -como por ejemplo en la parisina de 1889- e incluso a competir económica y artísticamente con figuras de primera línea como el tenor napolitano Enrico Caruso, con quien coincidió en Cuba.

Popular entre el público por su cercanía y por su destreza, manifestada en su capacidad para cantar y tocar magistralmente la gaita al mismo tiempo, el «Gaitero Libardón» fue un pionero de las grabaciones fonográficas. «A partir de 1910 y hasta poco antes de su muerte, mi abuelo realizó grabaciones para Odeón, Columbia, Regal o Pathè, impresionando un buen número de canciones, la mayor parte con letra y música propias», enfatiza Miranda, el cual advierte de que «con el paso del tiempo y debido a razones legales todas ellas figuran hoy, en el mejor de los casos, como de origen "popular"».

«En muchas ocasiones se extrapola su figura a los tiempos de hoy. Actualmente no tendría sentido una figura así. El "Gaitero Libardón" fue el último juglar de Asturias», concluye Miranda.

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