Gijón, Ángel CABRANES
Muchos no conocerán a José Miguel Monzón Navarro, pero si hablamos de su nombre artístico, El Gran Wyoming, rápidamente se situarán. Médico, articulista de prensa, actor, escritor, presentador de televisión y también músico. Sus comentarios, siempre cargados de fina ironía, desatan pasiones y odios casi por partes iguales. «Chechu», como le conocen sus amigos, es un madrileño de 54 años que ahora ha vuelto a coger la guitarra para «cantarles las 40» a los clásicos del rock and roll. Hace unos días, en la sala Acapulco del Casino de Asturias, protagonizó, junto a «Los Insolventes», un espectáculo «pensado para divertirse y bailar».
-¿Cuándo surgió el conjunto?
-Hace ya un año. Ellos («Los Insolventes») tienen todavía su propio grupo, «Última Experiencia», y tocaban en un bar de Madrid, el Honky Tonk. Durante el descanso me acerqué y les comenté que su estilo se parecía al de la música de los setenta, que a mí particularmente me encanta. Me invitaron a tocar con ellos en la segunda parte del concierto y desde entonces empezamos juntos.
-¿Cómo son las actuaciones de la banda?
-Son conciertos de rock and roll. Fundamentalmente para bailar. El repertorio está centrado en grandes clásicos y también música de ahora. Inglesa, americana y española. Soy consumidor de todo tipo de estilos. Me gusta el flamenco, el jazz, el pop, de todo. Todo lo que sea bueno. No me importa el género.
-Además, su apodo le viene de sus orígenes musicales.
-Sí. Empecé tocando rock and roll en un grupo madrileño que se llamaba «Paracelso». A partir de ahí me gané todo lo demás. Por entonces, Pocho, un colega, me puso lo de Wyoming porque sólo me gustaba cantar en inglés. Yo me adjudiqué el Gran delante, que no cuaja ni na.
-¿Qué canción le dedicaría al Gobierno?
-(Hace una pausa). No se me ocurre, no me inspira mucho.
-¿Le inspira más la oposición?
-Me deja un poco bloqueado. Está la situación política un poco crispada además. Creo que habría que relajarse un poquito y también hacer un poco de criba, que ya va siendo hora de ello.
-¿En ambos bandos?
-Sí, por lo menos al que le pillen trincando. Luego ya, el que lo haga mejor y no le pillen, o el que sea honrado, pues que le dejen. Al que roba hay que darle caña y no cerrar filas. Eso está feo. La verdad es que los españoles no tenemos conciencia de lo público todavía. Al cerrar filas, se asume, a la vez, que el dinero que están trincando es el de los parados. Es el de todos. Deberíamos ser más exigentes. Tampoco es que sea algo excepcional. Es algo que ocurre en todos los países civilizados. En Alemania se suicidan por menos que esto. Aquí lo llevamos con otro talante. Luego dicen que oír conversaciones es ilegal, ya, pero ya la hemos oído. Y como la hemos oído, pues... ¡madre mía las cosas que se llegan a decir! La gente es más exigente con sus amigos o familiares. Cualquier madre que pille a su hijo robando un bolso le monta un pollo.
-Usted es un hombre polifacético. ¿En qué situación se encuentra más cómodo?
-En todas. Lo que pasa que tocar en los bares es la más divertida de todas. Obliga a la diversión, sino no sale bien. Como es obligatorio, uno se esfuerza. Cuando terminas de tocar te quedas nuevo. Es una sensación terapéuticamente muy buena.
-La semana pasada cumplió 600 programas con «El intermedio». ¿Se esperaba este éxito?
-No. En televisión es todo muy efímero. Lo que pasa es que este tipo de formato, que está basado en la actualidad, tiene la ventaja de que si se instaura, dura mucho. La capacidad de sacar material es ilimitada, todos los días pasan cosas. Al principio costó, tuvo que crecer poco a poco, y tuvimos la suerte de hacerlo a la vez que la cadena, por eso tuvieron más paciencia. Ocurrió lo mismo con «Caiga quien caiga».
-Un éxito que también le ha costado algún disgusto con presentadores de otras cadenas e incluso cargos políticos.
-Cuando haces un programa de este tipo puede pasar. Si haces humor blanco y te ríes del de al lado, o del tonto del pueblo, la cosa es más sencilla. Otra cosa es cuando te diriges el poder, ahí ya te están esperando y luego, por supuesto, te hacen pagarlo.
-¿Puede vivir sin esas dosis de polémica?
-Me gustaría vivir sin ella. La polémica se genera cuando haces un programa crítico. De todas formas, yo jamás he tenido ningún problema con la justicia por difamar a alguien.
«Dicen que oír conversaciones es ilegal, ya, pero lo hemos oído y ¡madre mía las cosas que se llegan a decir!»
«Me gustaría vivir sin polémica, pero de todas formas jamás he tenido ningún problema con la justicia por difamar»
«Está la situación política un poco crispada. Creo que habría que relajarse un poquito y hacer un poco de criba»