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Un pistolero expulsado por la banda
 

Trasladan al ex etarra Lasarte por prácticas de usura dentro del economato de Villabona


- El terrorista cobraba una «comisión» por fiar productos a otros presos

- Agredió a un recluso que le recriminó el sobreprecio y le causó lesiones de consideración

 11:40  
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Valentín Lasarte.
Valentín Lasarte. 
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Oviedo, L. Á. VEGA
Tenía montada una pequeña «banca» a costa de los reclusos. El terrorista crítico con ETA Valentín Lasarte ha sido trasladado desde la prisión de Villabona, en la que se encargaba del economato del módulo 5, a la alavesa de Nanclares de Oca, después de protagonizar un violento incidente con dos presos, a uno de los cuales llegó a agredir y causar lesiones de consideración. El motivo de la discusión no fue otro que el sobreprecio que Lasarte aplicaba a los productos que vendía a cuenta en el economato de la cárcel. Al parecer no era suficiente con el dinero que ganaba del Estado trabajando en el economato (unos 300 euros mensuales) y decidió sacarse algo más cobrando una «comisión» a aquellos presos que le pedían fiado. Lasarte fue expulsado de ETA después de empezar a trabajar en la cárcel y alejarse de la violencia, aunque nunca ha mostrado arrepentimiento por sus crímenes.

El terrorista guipuzcoano, que cumple condena por cuatro asesinatos, entre ellos el del inspector jefe piloñés Enrique Nieto, se ha convertido en la punta de lanza del sector crítico de ETA. El viraje experimentado por este antiguo camarero del Bar Lasarte de San Sebastián causó extrañeza, dada la falta de escrúpulos mostrada cuando era pistolero de la banda, Fue uno de los primeros etarras que se benefició de la política de acercamiento de presos del Gobierno de Zapatero.

A la cárcel de Villabona, que con la de Zuera, en Zaragoza, es una de las prisiones que acoge a los terroristas críticos de la banda, Valentín Lasarte llegó en noviembre de 2008. Una vez en Asturias, el sanguinario terrorista se hizo cargo del economato, con lo que vulneró una de las órdenes expresas de la banda terrorista, que prohíbe trabajar en la prisión y obtener los consiguientes beneficios penitenciarios. Lasarte sorprendió a los funcionarios con su trato exquisito.

Sin embargo, su comportamiento ejemplar frente a los funcionarios no lo era tanto respecto a los presos. Los reclusos tienen que recurrir en ocasiones a las compras a cuenta, «el fiado», como se denomina en el argot de la prisión. Lasarte cobraba estos productos fiados muy por encima de lo soportable para los reclusos.

A finales del pasado mes de marzo, dos reclusos fueron a pedirle cuentas por lo que consideraban una auténtica extorsión. De la trifulca con el ex etarra salió con lesiones de consideración uno de los presos. Tras conocerse el incidente, otra decena de reclusos presentó quejas por los sobreprecios que les cobraba Lasarte, unas denuncias que no han seguido el cauce reglamentario y no tienen por tanto carácter oficial.

Como castigo por la agresión, aunque también para garantizar su seguridad frente a posibles ataques violentos dentro de la prisión, Valentín Lasarte fue aislado durante unos días en una celda del módulo de ingresos. Finalmente, un transporte especial lo trasladó a Nanclares de Oca, un centro penitenciario que también está siendo utilizado por el Gobierno dentro de su política de acercamiento de los presos díscolos con ETA. De hecho, se barajó como posible destino de Arnaldo Otegui.

Del economato de Villabona se ha hecho cargo Iñaki Recarte, que antes ayudaba a Lasarte, y que es otro de los expulsados de ETA por aceptar trabajos en el interior de la cárcel. Hace unas semanas se había especulado con el traslado definitivo de este preso a Nanclares de Oca, aunque permanece en la prisión de Villabona.

La prisión asturiana acoge ahora a 17 presos etarras, en su mayoría críticos con la línea de la banda terrorista y que se han descolgado del colectivo de presos. Esto explica que los llamamientos a las huelgas de hambre y «chapeos» (encierros en el interior de las celdas) no hayan tenido incidencia en la cárcel asturiana. Estas medidas desesperadas fueron ordenadas por la dirección etarra ante el continuo goteo de presos que se estaban desvinculando de la banda, hartos de la falta de perspectivas de la lucha violenta.

En la cárcel asturiana, el control de los presos etarras críticos lo realiza un selecto grupo de funcionarios supervisado directamente por la dirección. Hay, además, un trabajo cerca de los familiares de los presos, con el fin de encauzarlos hacia el abandono de la violencia. Se han producido varias reuniones entre funcionarios y familiares para profundizar en esta línea. El desgaste del colectivo de presos puede ser una de las bazas para forzar a ETA a un abandono de la violencia.

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