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Memorias (2) 
Eduardo Gota Losada
Magistrado y ex presidente del TSJA 

«´O aceptas juzgados en sótanos o van a otra ciudad´, me decían en el Ministerio»

«Vino el ministro Múgica y Pedro de Silva le estaba enseñando la Catedral, nos lo dijo un guardia civil y salimos a pedirle el Palacio de Justicia»

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Eduardo Gota Losada, en su domicilio de Oviedo, señalando la orla de su promoción.
Eduardo Gota Losada, en su domicilio de Oviedo, señalando la orla de su promoción. mara villamuza

Eduardo Gota Losada (Teruel, 1930) llega a Oviedo en 1942, con su familia. Termina el Bachillerato en el Alfonso II y cursa la carrera de Derecho con profesores que le dejan huella, como Álvarez Gendín, Prieto Bances, Silva Melero o Fernández-Miranda. De este último destaca cómo «explicaba el régimen democrático maravillosamente, pero no nos imaginábamos el papel político que él iba a tener». Gota Losada tiene claro que quiere hacerse juez y oposita en 1957. Ingresa en la Escuela Judicial y después obtiene plaza en Laguardia (Álava), pero dentro de la judicatura su vocación se orientará hacia el derecho administrativo.

Oviedo, J. MORÁN

Nacido en Teruel, en 1930, pero afincado en Oviedo desde los 12 años, Eduardo Gota Losada repasa en esta entrega de sus «Memorias» su etapa como magistrado y presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA).

l Cortar la cuerda. «Estaba destinado en Laguardia (Álava) y pedí traslado a Tineo, porque así podía venir a Oviedo los fines de semana e ir a la Facultad, donde Montoya, el bibliotecario, me permitía llevarme algunos libros. Atendía mi Juzgado y por las tardes me dedicaba a estudiar las oposiciones para magistrado de lo contencioso. En Tineo había muchos suicidios y estábamos ya acostumbrados. El clima, la separación de los núcleos rurales?, pero, fundamentalmente, como me dijo el psiquiatra don Pedro Quirós, el alcoholismo. Hay que reconocerlo: un paisano que tenía allí diez vacas y empieza a llover y a llover todo el invierno? Y sobre todo aumentaban cuando los ayuntamientos convocaban a los mozos para ir al servicio militar. En cuanto se suicidaba uno, me decía el forense: "La que nos espera", porque detrás iban varios. En la Escuela Judicial había tenido un profesor, el doctor Pérez Petinto, que nos decía: "Lo primero que hay que hacer ante un ahorcado es cortarle la cuerda, por si se llega a tiempo"».

l Un magistrado chiquillo. «De Tineo me destinan a Puigcerdá (Gerona). Traslado forzoso como juez de ascenso, que me vino muy mal porque se acercaban las oposiciones. Hablé con el presidente de la Audiencia Territorial, don Elpidio Lozano Escalona, y se portó muy bien: "Márchese el tiempo que necesite". Me vine a Oviedo y me puse a trabajar doce o catorce horas diarias. Salí el número tres y me incorporé a la Audiencia Territorial de Oviedo como magistrado de ascenso. Tenía 32 años. Era un chiquillo al lado de los otros magistrados, a los que trataba de usted, aunque la mayoría me dijo: "Eres joven, pero puedes tutearme". La Sala de lo Contencioso-Administrativo comenzó a funcionar en noviembre de 1962 y la ley del Contencioso es de 1956. Así estuve hasta 1970. Los otros dos magistrados eran don José María Sánchez-Andrade Sal y el presidente de la Sala, don José María Fernández Díaz-Faes. Al jubilarse éste, como yo era más antiguo, me nombraron presidente, y ahí permanecí trabajando mucho porque, la verdad, es que me dediqué a fondo, y le tenía afecto a la Sala, y la recuerdo con cariño, aunque había que pelear y estudiar».

l Trabajo con la ley del Jurado. «El 23 mayo de 1989 se constituyen los tribunales superiores de justicia y desaparecen las audiencias territoriales. Se constituyó el TSJA y se creó la Sala de lo Social y la de lo Civil Penal, compuesta por el presidente y dos magistrados más. El primer magistrado procedente de la designación autonómica fue Emilio Barbón, a quien yo recordaba de la Universidad. La Sala de lo Civil Penal era para los aforados y, hay que reconocerlo, tuvimos sólo cuatro o cinco casos; no tuvimos ningún proceso contra jueces, magistrados o fiscales, y con los diputados apenas hubo problemas. La que sí que nos dio trabajo fue la ley del Jurado, porque era nueva y no la conocíamos, y yo no era penalista. Pero tuvimos casos fáciles, generalmente de homicidios, y cuando llegaba una sentencia recurrida los hechos probados venían claros. Distinto hubiera sido si nos hubieran tocado estafas o fraudes».

l Ventanucos y sin luz. «Pero como presidente del TSJA las mayores dificultades fueron las instalaciones judiciales. Eso fue pavoroso. En diciembre de 1989 se produjo una reforma judicial y la creación de juzgados de lo penal: cuatro en Oviedo, dos en Gijón y uno en Avilés. ¿Dónde los metíamos? Se fueron colocando en uno u otro sitio, y en malas condiciones. Y lo mismo con otros que se fueron creando después. Voy a contar una anécdota. Cuando ya existía el Palacio de Justicia de Llamaquique, en Oviedo, me llaman un día de Justicia: "Eduardo, si autorizas que se pongan dos juzgados en los sótanos de Llamaquique, va mañana una arquitecta". "¡Hombre!, ¿en un sótano?". "Bueno, si pones inconvenientes, un Juzgado se va a Málaga y otro a Sevilla". ¿Qué iba a hacer? Pues dije que sí. Luego se lo decía yo a los funcionarios cuando se iba la luz y no veían porque tenían un ventanuco pequeño, o había humedad: "Pero poneos en mi caso; si yo digo que no, luego los jueces me ven por la calle y me acogotan". Porque fueron dos juzgados de una sola vez, de primera instancia, y eso es mucho porque desciende la presión de asuntos».

l Una parcela bombón. «Además, tuvimos mala suerte en Asturias. Tuve mucho interés en el Palacio de Justicia de Gijón, en Poniente, y ¿qué ocurrió? Nos pegaron un bombazo los de ETA en 1996 y eso retrasó su uso un par de años. Y no salió muy bien, como tampoco salió el de Llamaquique, en el que puse yo un interés?, y me costó algún disgustillo. En 1989 fui a ver al presidente Pedro de Silva: "No tengo dónde poner los órganos judiciales, y tú, Pedro, como abogado, sabes que es así". "Eduardo, sé los problemas que tienes y no te los puedo resolver; como sé que hay necesidades en la Guardia Civil y no puedo hacer cuarteles. Tengo muchas necesidades, pero reconozco que tienes razón y en eso te ayudaré". Y me ayudó. Supe por un pleito contencioso que el Estado tenía dos parcelas en Buenavista y me valí de amigos de Madrid y conseguí que se afectasen a Justicia. Era ministro Múgica y se llevaba muy bien con Pedro. Un día vino el ministro y Pedro le estaba enseñando la Catedral. Nos lo dijo un guardia civil al fiscal y a mí y salimos a buscarlos. "Ministro, tenemos esta solución". La parcela estaba en el entorno de lo que hoy es Calatrava y cuando se enteró Antonio Masip no le gustó, porque él tenía previstas allí zonas verdes o lo que fuera. Hablé con Pedro y él hizo la siguiente gestión: permutar la parcela de Buenavista por una del Principado en Llamaquique. Me dijo: "Esa parcela es un bombón: la Telefónica, el centro cívico, el edificio de las consejerías?, ya la quisiera yo para el Principado". Se firmó la permuta y me llamaron de Justicia: "Elija un arquitecto". "No, perdón, no quiero esa responsabilidad, y además el Ministerio tiene 16 arquitectos". "Póngase entonces al habla con el Alcalde y que le diga". Masip me dijo que Francisco Pol. Comí con él y con su mujer: "Que conste que te juegas el prestigio; tienes que estudiar las especialidades de un edificio judicial, que no es un hospital o un hotel"».

l Un número de fax. «Hizo el proyecto, pero no se licitaba. No había dinero. Hablé con la ministra, que entonces ya era Mariscal de Gante. "Margarita, por favor, poned una cantidad pequeña para que se licite y comiencen las obras". Nada. Me dije: "¿Ah, sí? Pues viene Cascos en septiembre a un acto del Principado, las medallas". Hablé con el fiscal, Rafael Oltra, y con Seijas Quintana, presidente de la Audiencia Provincial. Les dije: "Si veis que estoy hablando con Cascos, inmediatamente venís". Me acerqué: "Cascos, quiero hablar contigo al final del acto". "No, Eduardo, al final no, porque después del acto, por experiencia te digo, es imposible. ¿Qué es lo que quieres?". Vinieron Oltra y Seijas. "Mira, esto pasa con el Palacio de Justicia, que no se hace". Me dio un número de fax: "Mándame los papeles y encantado de saludarte". A los diez días me llaman del Ministerio y me dicen que se había podido consignar una pequeña cantidad. Vino Cascos a poner la primera piedra. Lo que iba a tardar la empresa yo no lo sabía, pero la cosa estaba encauzada. Luego hubo problemas de cimentación, pero por fin empezó a subir. Después, desgraciadamente, no salió bien; se caían las losetas y me daba pena ir allí y ver la acera vallada».

Mañana, martes, tercera entrega de Gota Losada

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