Villamayor comparte una atmósfera industriosa y creativa que viene de un dilatado ciclo industrial propio de muchas villas asturianas, relacionado con la producción para el comercio lejano, con el capital indiano, con lo pequeño y de calidad, con la creación innovadora que constituyó la base de la otra industria, la de los sistemas locales. Hoy vive la incertidumbre que alcanza a las localidades de pequeña industria y a su dificultad para sobrevivir a los rigores de la economía actual. También a la marginación del eje interior respecto a la costa, que plantea el reto de impulsar iniciativas que compensen su negativo impacto. La historia parece estar de su parte, la coyuntura no. Pero hay que resistir, alumbrar nuevos proyectos, mostrar una forma de hacer, que viene de lejos y que ha sabido apostar por la modernidad, a partir de las actividades logísticas, del turismo rural o de la exploración de nuevas producciones agrarias y alimentarias.